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LA VILLA DE IZNÁJAR
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EPISODIOS
NACIONALES (BENITO PÉREZ GALDÓS)
Benito
Pérez Galdós, el más grande de los novelistas españoles del siglo
XIX, el fundador de la novela española moderna, retrató Iznájar
en sus "Episodios Nacionales", su obra cumbre, con
cuarenta y seis retazos o momentos estelares de la historia humana y
política de la vida española del siglo XIX. Se dice que el valor de
los Episodios Nacionales no es solamente político. Se trata de la
mejor novela histórica escrita en España por un autor considerado
internacionalmente como uno de los grandes escritores realistas del
siglo XIX. En el volumen XIX de esta obra,
La vuelta al mundo en la Numancia,
dedica la primera parte a las agitaciones campesinas andaluzas de la
época.
Como se sabe, en el año 1.861 tiene lugar en Iznájar la insurrección
dirigida por el albéitar de Loja, Rafael Pérez del Alamo, la famosa
"guerra del pan y el queso". Las
consecuencias fueron nefastas para Iznájar, los consejos de guerra
decretaron una serie de condenas para los iznajeños participantes,
casi la totalidad del pueblo. Se dictó una pena de muerte y otra de
cadena perpetua, además de numerosas penas de prisión. Galdós
relataba estos acontecimientos en su novela.
La llegada a Loja del
navegante Diego Ansúrez, de su esposa Esperanza y de su preciosa
hija Mara, procedentes de Lanjarón y de Granada, es aprovechada por
el autor para exponer el ambiente que se respiraba en la ciudad y
que hizo posible la hazaña del albéitar Pérez del Alamo en
Iznájar. Encontrándose Ansúrez con su familia en casa del cura del
Salar, don Prisco, se supo que Pérez del Alamo había echado al campo
todas sus legiones, poniendo en práctica un alzamiento general.
La vuelta al mundo en la
Numancia
Benito Pérez Galdós
- III -
Apenas enterado de lo que ocurría,
Ansúrez no pensó más que en trasladarse a Granada con su
familia; pero cuantas diligencias hizo aquella tarde para
encontrar caballerías o un carricoche, resultaron inútiles.
A la mañana siguiente, se supo que toda la caterva de
paisanos armados se encontraba en
Iznájar,
Aventino andaluz, donde la plebe se organizaría con marcial
unidad y compostura para ir sobre Roma. Roma, o sea Loja,
era desalojada por los narvaístas, que escapaban medrosos,
llevándose cuanto de valor poseían. Con ellos abandonaron la
ciudad el Corregidor y las escasas fuerzas de Guardia Civil
y Carabineros que allí tenía el Gobierno. De este dijeron
los
moderados que estaba en connivencia con los
insurrectos, y que todo era obra del masonismo, del
protestantismo y de la marrullería de O'Donnell y Posada
Herrera, en quienes el orden no era más que una máscara
hipócrita para engañar al Trono y al Altar. ¿Qué hacían que
no mandaban tropas? Esto llegó a ser en don Prisco idea
fija. El buen señor terminaba todas sus peroratas, como
todos sus rezos, con la devota exclamación de «¡Soldados,
soldados!».
Tan abrumado, tan fuera de su
equilibrio natural estaba el navegante celtíbero, que no se
daba cuenta del tiempo que en aquella lúgubre y calmosa
expectación transcurría. Doña Esperanza languidecía por
falta de alimento, sin que a la soledad de aquel mechinal
desamparado se le pudiera llevar el socorro de médico y
medicinas. Mara no se apartaba de ella; Ansúrez hacía sus
escapadas al corralón solitario, donde únicamente hallaba un
par de vejestorios que le ponían al tanto de los
acontecimientos. Los insurrectos, reunidos en
Iznájar,
descendían orillas abajo del
Genil, y en orden y aparato de
guerra caminaban hacia Loja, de cuyo desamparado recinto se
apoderaban, poniendo allí su capital democrática y el
asiento de su fuerza civil y militar. Ya eran dueños de
Roma; ya ocupaban y guarnecían el alto castillo, que de los
moros conserva el nombre de Alcazaba; ya fortificaban los
robustos edificios que fueron conventos, y abrían trincheras
en todos los puntos indefensos de la ciudad. Considerable
número de combatientes, que en totalidad no bajaban de cinco
mil, se alojaban en la iglesia Mayor, en San Gabriel, en
Jesús Nazareno y en el santuario de la Caridad, donde
residía la patrona del pueblo. Como no quitaba lo
democrático a lo piadoso, casi todos los prosélitos del
temerario Rafael Pérez confiaban en que nuestra Señora de la
Caridad les diese la victoria sobre la insufrible tiranía.
Contaron a don Diego aquellos vejetes que al huir de Loja
los moderados
quisieron llevarse a la santa patrona de la ciudad; pero que
no les fue posible arrancar la imagen de la peana que desde
inmemorial tiempo la sostenía. Ni con palancas ni con
ninguna suerte de artificios lograron despegarla. Peana y
Virgen pesaban tanto, que ni con cien mil pares de bueyes
habrían podido apartarla ni el canto de un duro, señal de
que la Señora no quería cuentas con los narvaístas, y
protegía resueltamente al democrático albéitar Rafael Pérez.
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LA
ARBOLEDA PERDIDA (RAFAEL ALBERTI)
En
Navidad de 1925, uno
de los poetas del 27, Rafael Alberti, pasó una temporada en Rute, en
casa de una hermana y de su cuñado, notario de la localidad.
Alberti le escribía a su amigo José Bergamín, contándole que en
diciembre se asomaba a las eras de Rute para ver todo el campo de
olivos y el desfile de los aceituneros, por los caminos de
Iznájar. Desde la Sierra de Rute, le contaba a García
Lorca:
"Por ahí, por ahí se va a Granada".
Su cuñado lo invitó un día a que lo acompañara a hacer un viaje a
Iznájar y Alberti acepto. La narración de este viaje y las
impresiones que le produjo las ha dejado plasmadas en su libro
La arboleda perdida. Decía de Iznájar:
Se
trataba de un pueblo más pequeño pero aún mas extraordinario que
Rute, empinado en los montes, con un castillo moro, inmensa muela
cariada que levanta todavía sobre la boca de un abismo el poder
almenado de sus torres.
En el viaje de Rute a Iznájar un notario natural de la zona le narra
una historia y un conjuro de espiritistas iznajeños organizados para
buscar tesoros. Al regreso es el cuñado del poeta, don Ignacio,
quién refiere un hecho real de un abuelo empeñado en hacer
testamento urgentemente porque, como le han anunciado los espíritus,
iba a morir esa misma noche. "Locuras de estos pueblos", dice
el notario.
Iznájar parecía
desierto. De cuando en cuando, alguien que al pasar me miraba como
si fuese un bicho raro. ¿Dónde estarán metidos los espíritus?, me
preguntaba yo subiendo solo hacia el castillo.
¡
Cuánta angustiosa soledad la de los pueblos de esta serranía! Rute
tan triste para mí, era como un repique de campanas comparado con
Iznájar. Llegué al castillo abandonado. Nadie. Subí a la torre por
una escalera carcomida.
Todos sus ajimeces, salvo los cuatro últimos, estaban cegados. Bajo
ellos, se derramaba el paisaje de un romance de Federico. Sí, era la
muerte la que miraba desde las cumbres y los valles lejanos. Allí,
en la misma torre, escribí una canción, de secreto dramático,
parecido al de García Lorca. ¡
Como que aquéllas eran las tierras duras y funerales de su poesía!.
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TORRE DE
IZNÁJAR
Prisionero
en esta torre,
prisionero
quedaría.
(Cuatro
ventanas al viento)
- ¿Quién
grita hacia el norte, amiga?
- El río,
que va revuelto.
(Ya tres
ventanas al viento)
- ¿Quién
gime hacia el sur, amiga?
- El aire,
que va sin sueño
(Ya dos
ventanas al viento)
- ¿Quién
suspira al este, amiga?
- Tú mismo,
que vienes muerto
(Y ya una
ventana al viento)
- ¿Quién
llora al oeste, amiga?
- Yo, que
voy muerta a tu entierro.
-
¡
Por nada yo en esta torre
prisionero
quedaría !
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No sabemos donde estarían los espíritus que buscaba Alberti, lo que
sí sabemos era donde estaban los espiritistas que le contaba el
notario. Entre 1.912 y 1.927 un bisabuelo mío dejó constancia
escrita de las sesiones de espiritistas celebradas no solo en
Iznájar, sino también en Loja, Granada o Madrid. Desde luego, no
estaban conjurados para buscar tesoros, más bien trataban temas
políticos del momento. Muchas de las sesiones se celebraron en la
calle La Hoya, en varios domicilios. En el cuaderno figuran los
nombres de muchos iznajeños que asistían a las mismas. Los escritos
quizás no tengan valor literario, pero dejan constancia y aclaran un
poco la visión opaca que se ha tenido de estos personajes, que han
escrito una página más en la historia de este pueblo cordobés.
En fecha
mas reciente la Villa de Iznájar rindió un homenaje a Rafael Alberti
con motivo de su estancia en en el pueblo, durante la celebración de
los III cursos de Verano de la Subbética, en 1.996. Así vivió el
poeta su nueva visita a Iznájar:
"Después de la extraña fiesta de Rute, visité un pueblo de
las alturas, Iznájar, que me pareció más hermoso de lo que yo
recordaba. Es un pueblo perfecto, de una blancura maravillosa
encalado hasta el frenesí y con el carácter secreto de los romances
de García Lorca, Un grupo de gente encantadora que me acompañó
durante la visita me llevó hasta la torre más alta donde había un
azulejo con un poema mío que le dediqué en 1925.
Volver a los lugares en los que no he estado desde mi primera
juventud me produce siempre un estremecimiento alegre.
Lo sentía al regresar de Rute y de Iznájar entre los geométricos
dibujos que abren los olivos por la dramática sierra cordobesa."
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resumen
de textos de Joaquín Criado Costa y Manuel Galeote López |
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PABLO GARCÍA BAENA
En fecha más reciente, el poeta de
Cántico labrado de exquisiteces, Pablo García Baena, nos ha
dejado esta impresión lírica de Iznájar:
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Todo es arte en Iznájar. Siglos de vela al acecho de rapaces
jinetes castellanos o vengativas marlotas moriscas, hicieron
que el pueblo creciera blanco sobre el Tajo eminente, que la
forja de lanzas de rejería noble se aguzara en defensa, que
el cubo de la torre parroquial bebiera aires de atalaya, de
recinto murado con arbotantes de cantería. Ahora sólo es
vigía de un Genil crecido en taracea de olivos y huertas; y
dominando todo este paisaje de algaras, el nidal de campanas
donde Antonio toca la oración del anochecer o el doble de
los entierros.
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EL ROMANCERO DE IZNÁJAR |
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Publicado en la revista de Feria
del año 1.982 ,
"El
Romancero de Iznájar y su Virgen de la Piedad"
es el legado de D. Juan de Castro Orgaz, padre el gran
escritor iznajeño D. Cristóbal de Castro. Existe un ejemplar
de la obra en la Biblioteca Nacional, publicado en 1.882, en
Córdoba. De este ejemplar se hizo una copia fiel en 1.934 y
se volvió a editar en Madrid. Se trata de un largo poema que
comienza con una Introducción y se desarrolla a lo largo de
siete apartados numerados y titulados de acuerdo con el tema
expuesto en cada uno de ellos. Todo está redactado siguiendo
la técnica del romance, con rimas generalmente llanas, que
van cambiando en cada una de las divisiones y con tiradas de
versos cuya suma total alcanza la cifra exacta de 1.000
segmentos octosílabos. Es una pequeña joya literaria de la
que este pueblo debe estar orgulloso.
(Antonio Moreno Ayora)
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De tu
invención milagrosa
pretendo
hacer un romance
para
este pueblo de Iznájar
de que
eres Patrona y Madre.
Entre tu
historia y la suya
hallo,
empero, tal enlace,
que
habré de cantar sus glorias
al par
que las tuyas cante.
Perdona,
pues, Madre mía,
que mi
lira a un tiempo ensalce
tu
piedad y la del pueblo
que por
tu hijo adoptaste.
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Trajano
(que también era
nuestro
paisano y amigo,
como
natural de Itálica),
un día
en que a Angellas vino.
Viajaba
el tal por España,
que de
su imperial dominio
una
provincia era entonces:
y así a
visitarnos vino
a
Iznájar, esto es, a Angellas,
pues tal
es su nombre antiguo.
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