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D.
JOSEPH DE CASASOLA Y CÓRDOVA
(1.667-1.713)
Nació
en la villa de Iznájar en 1.667 y fue bautizado en la iglesia de
Santiago el día 21 de Noviembre del mismo año. Hijo de Don Juan de
Casasola y de Doña Manuela de Córdova. Fueron sus padrinos el
licenciado Don Antonio de Casasola, presbítero y Doña Paula de
Córdova, sus tíos naturales. Ofició la ceremonia religiosa D.
Antonio de Ávila y Aranda rector y vicario de la iglesias iznajeñas.
Fue el segundo hijo del matrimonio. Descendiente por la línea
paterna de don Juan Vázquez de Casasola, uno de los conquistadores
de la ciudad de Antequera, natural de Logroño, y por parte materna
del III Conde de Cabra. Tuvo varios hermanos; Juan Manuel, el
primogénito, alférez y alguacil mayor de Iznájar, Bartolomé
Francisco, Jerónimo Felix y María Manuela. Todos ellos hijosdalgos.
Suponemos que se
trasladó joven a Costa Rica, por entonces provincia española de las
Indias Occidentales. En la capital, Cartago, contrajo matrimonio el
26 de Diciembre de 1.700 con Doña Águeda Pérez de Muro y Echevarría,
hija del Capitán D. Joseph Pérez de Muro, teniente gobernador de
Cartago, inquisidor y natural de la villa de Arga en Navarra,
fallecido en 1.713. La boda se celebró en la Catedral de esta
ciudad. Fruto de esta unión nacieron, José, José Francisco,
Juan Manuel, Antonia, Mariana y Josefa y otro que murió al nacer.
De los varones dos
fueron sacerdotes y el tercero murió siendo niño. Juan Manuel, fue
comisario de la Santa Inquisición, sindico de las misiones de Talamanca, vicario y juez provincial de la provincia de Costa Rica.
En 1.736 el cabildo de León de Nicaragua ordenó edificar ermitas en
el Valle de Aserrí, para congregar alrededor de los oratorios a los
feligreses dispersos. Con este encargo Juan Manuel de Casasola y
Córdoba construyó una ermita en el lugar conocido como La Boca del
Monte de Curridabá, una zona céntrica y de fácil acceso para los
moradores del valle. Terminó el templo en 1.738 y se lo dedicó al
patriarca San José. Esta ermita marcaría el nacimiento de la ciudad
de San José, fundada el 21 de mayo de 1.737 con el nombre de Abra de
la Boca del Monte. Primero se convirtió en la Capital del Estado y
desde el 31 de Agosto de 1848 pasó a ser la Capital de la República
de Costa Rica.
En cuanto a las
hijas Josefa de Casasola y Córdova nació en 1.701 en Cartago y se
unió en matrimonio con
Bernardo García de Miranda
nacido en 1.690. En
acato a las leyes y costumbres de la época, el 4 de enero de 1.727,
su prometido firmó escritura pública, para dar recibo de los efectos
que los padres de su futura esposa le entregaban como dote; se citan
entre otros: las casas de campo, en ejidos de esta
ciudad, en cuyos corredores hay un oratorioi en que se celebra misa,
con su altar, varias imágenes, etc... 500 pesos. Las mencionadas
casas y otro cuerpo separado de oficinas de diversos cuartos, con
sus cercados, trapiche, cañaverales 3.500 pesos; 100 reses vacunas a
5 pesos, 500 pesos. Una negra criolla nombrada Antonia, de 12 años,
300 pesos. Dos esclavos negros de Guinea, de 30 años, Gregorio y
Damián, 900 pesos, en total 12657 pesos.
Don Bernardo por su parte aportó 1000 pesos en arras. La boda tuvo
lugar el día 6 de enero.
Tuvieron
un hijo,
Bartolomé García de Miranda
Casasola que estuvo
casado con Ignacia Alvarado, sin descendencia. Testó en Cartago el
16 de Noviembre de 1.777, nombrando como albacea a su tío Don Juan
Manuel de Casasola y Córdoba, a quien deja el quinto de sus bienes
para distribuirlos en bien de su alma. Entre sus propiedades se
citan
una negra esclava, nombrada María Francisca, con tres
hijos llamados José Francisco, Juan José y Serapio, libres para
después que el testador muera y con obligación de servir en vida a
su tío dicho.
Nuestro personaje, D. José de
Casasola ocupó los cargos de Capitán, Maestre de Campo, Familiar del
Santo Oficio de la Inquisición y ejerció de alcalde ordinario de
Cartago, capital de Costa Rica hasta 1.823, desde el año 1.708 al
1.712. Durante su mandato se produjo una gran sublevación de los
indios en la cordillera de Talamanca, al sur de Costa Rica, en la
frontera con Panamá. El día 28 de septiembre
el cacique Pablo Presbere, que era el más temido en toda Talamanca,
vio a los religiosos y a los soldados escribiendo cartas y se figuró
que lo hacían para llamar a los españoles. En consecuencia, sublevó
casi todos los pueblos de la comarca, y en unión de muchos indios
Borucas, Cabécaras y Térrabas.
Los indígenas
estaban acertados en sus sospechas pues los frailes se habían
propuesto llevar a cabo traslados masivos de los habitantes de estos
poblados hacia otras localidades. Para ello contaban con la venia
del gobernador y con la aprobación del cabildo de la ciudad de
Cartago. La intención de los frailes, de acuerdo con sus propias
palabras era:
...[sacar] a la provincia de Boruca
los que estuvieren cercanos a ella, y a Chirripó y Teotique los que
pudieren salir por la misma razón (porque) sus tierras (son) malas
para administrarlos(...) A esto se añade que dentro la montaña hay
el peligro del enemigo que coja los ministros (frailes), como ya lo
ha hecho(...) y tomaron las lanzas contra nosotros en tres ocasiones
o cuatro.
En un informe de enero de 1709, los frailes
indicaban que se encontraban a punto de iniciar este traslado de
población con la ayuda de los soldados:
“Para principios de febrero
saldremos para el paraje de Chirripó en compañía de los quince
hombres para ejecutar lo que queda dicho; y cumplido el tiempo, como
decimos... entraremos con toda la infantería de los treinta hombres
adentro, sacaremos los primeros tres pueblos que llamamos San
Bartolomé Urinama, Santo Domingo y San Buenaventura...”
Pocos
meses después de iniciado el proceso de traslado forzoso de la
población indígena, las naciones de Talamanca, los Cabécaras y los
Térrabas (incluidos los de la isla de Tójar), así como los indígenas
que ya habían sido reducidos en el poblado de Chirripó, unieron
esfuerzos y atacaron a los frailes y soldados españoles. La revuelta
general fue dirigida por los líderes indígenas conocidos como Pablo
Presbere y Comesala.
Presbere era
cacique de la parcialidad de Suinsi. Este sitio hoy día se considera
que corresponde al actual Suinxy o Tswitsi, ubicado en la margen
derecha del río Coén y a unos cinco kilómetros al este de San José
Cabécar. No era un líder guerrero, a pesar de que así aparece
mencionado en los documentos por ser el dirigente de una revuelta
armada. Es más probable que fuese un jefe religioso, un chamán entre
los indígenas, según lo consignaron los propios frailes,
antes de 1706. Cuando los misioneros entraron con soldados armados,
Presbere rehusó bautizarse y mostró gran oposición a los misioneros.
Al final aceptó el bautizo con el nombre de Pablo, pero
probablemente por temor a los soldados. Sobre el otro líder Comesala
se sabe bien poco. Era cabécar y cacique en la parcialidad donde los
frailes fundaron la iglesia de Santo Domingo.
Ambos caciques
unieron sus fuerzas en Suinsi, sin despertar la sospecha de
los españoles. Desde aquí, Presbere, al mando de un grupo de
guerreros indígenas cabécaras y terbis tomó rumbo hacia el poblado
de San Bartolomé de Urinama, donde se encontraba fray Pablo de
Rebullida. En un ataque sorpresivo dieron muerte al fraile y a dos
soldados que allí se encontraban. Comesala y los indígenas de Santo
Domingo, se dirigieron hacia el poblado de Chirripó, donde dieron
muerte a fray Antonio de Zamora, a dos soldados, la mujer y el
hijo de uno de ellos. Posteriormente, el 28 de septiembre, una
numerosa fuerza de indígenas, procedentes de los pueblos de San
Buenaventura, la Santísima Trinidad, San Miguel, San Agustín y los
de Jesús, armados de lanzas y broqueles, atacaron el pueblo cabécar
de San Juan, donde se encontraba fray Antonio de Andrade en compañía
del grueso de la tropa española. Cinco soldados perecieron en el
enfrentamiento, logrando el resto huir a duras penas hacia el pueblo
de Tuis, para luego trasladarse a Cartago; éstos eran treinta
hombres y 18 soldados. Una vez que los españoles se retiraron, los
indígenas prendieron fuego a catorce iglesias fundadas por los
misioneros, los conventos y las casas de cabildo y destruyeron las
imágenes y objetos sagrados de los misioneros. Tan solo se salvaron
las dos iglesias de Viceíta, pues los indígenas de esta nación no
participaron en el alzamiento.
En una carta
escrita en Cartago, el 21 de octubre de 1709, el fraile Antonio de
Andrade, el único que logró escapar con vida gracias a que se
encontraba acompañado de la mayor parte de los soldados, expresaba
lo siguiente:
“....el día 28 de Septiembre se armó
contra nosotros a guerra, con tan bárbara crueldad, cual no
ejecutara sino el hereje más tirano, pues no sólo mataron los indios
de dicha conquista a diez soldados, una mujer y a los padres
compañeros fray Pablo de Rebullida y fray Antonio Zamora, a
traición, estando la mitad de ellos enfermos, sino que pegaron a los
cuerpos fuego, quemando iglesias y todo, robaron todos los
ornamentos y cosas de ropa de las iglesias y quemaron las imágenes
de los santos, y en fin, todo cuanto juzgó de maldad su malicia
ejecutó su tiranía. Escapó el Cabo-Gobernador de los treinta hombres
y diez y ocho soldados y de ellos salieron dos heridos, y por más
amparo divino que defensa natural, porque se conjuró toda la
conquista, desde los Urinamas hasta la Isla de Tójar, y todas tres
naciones naciones Cabécaras, Talamancas y Térrabas se coligaron como
estoy informado, y sólo no cooperaron los de Chirripó pero de los
demás, los que no pelearon lo supieron, consintieron y lo callaron
los que nos podían avisar.”
En respuesta al
ataque de los indígenas, el gobernador de Costa Rica preparó una
gran expedición militar. Como no había abastecimientos militares
suficientes, pidió ayuda a la Audiencia de Guatemala. A
principios de 1710 se recibieron armas blancas y de fuego, pólvora,
balas y pesos en metálico. Se disponía ya en Cartago de un arsenal
adecuado y de financiación para lanzar hacia Talamanca una
considerable fuerza. El gobernador Lorenzo de la Granda y Balbín
preparó un plan destinado a atacar Talamanca por dos frentes. Una
fuerza compuesta por ochenta soldados al mando del Maestre de
Campo D. José de Cassasola y Córdova, salió directamente con
rumbo a Talamanca por el camino de Chirripó.
El
gobernador, acompañado del fraile Antonio de Andrade, se dirigió
hacia el pueblo de Boruca a la cabeza de 120 soldados. Allí
emitió la siguiente proclama, dirigida a los indígenas:
“...en cumplimiento de orden que
tengo del gobierno superior de Guatemala para entrar a castigar a
los indios rebeldes de las montañas de Talamanca (...) hago saber
(...) que a los que vinieren a dar la obediencia al gobernador y
capitán general del rey (...) les ofrezco en su real nombre el
perdón en aquello en que hubieren delinquido, y a los que no
vinieren los publico, por rebeldía, traidores a ambas majestades,
que son merecedores de quemarlos vivos, como lo experimentaron en la
guerra que desde luego les publico a todos los que no vinieren a dar
la obediencia al rey mi señor (...)”
Emitida esta proclama
a son de caja y trompeta, el
gobernador hizo abrir un sendero en la montaña para comunicar Boruca
con Viceíta, al otro lado de la cordillera. Aquí los indígenas
refirieron ponerse de parte de los españoles, probablemente por
miedo a la numerosa tropa, lo que permitió al gobernador pasar hacia
Cabécar, donde luego se le unió la fuerza militar encabezada por
nuestro paisano que había llegado por el camino de Chirripó.
Establecieron el cuartel general y emprendieron numerosas correrías
hacia las tierras de los indígenas rebeldes, logrando capturar a
unos 700, incluido el jefe Presbere. No obstante, el cacique
Comesala y otros indígenas lograron escapar, escondiéndose en las
escarpadas montañas. A pesar de que se les había ofrecido la paz a
los rebeldes si se rendían, éstos prefirieron dar fuego a sus casas
y huir, e igualmente implantaron numerosas trampas de estacadas.
Cavaron huecos en cuyo fondo pusieron afilados palos que luego
cubrieron con maleza, para que los soldados, inadvertidamente,
cayeran y se ensartaran en las estacas.
Los españoles
después de permanecer varios meses en las montañas de Talamanca,
regresaron hacia Cartago en el mes de junio de 1.710 por “la
fragosidad de las montañas y la entrada del invierno”. En el camino
hacia Cartago perecieron y huyeron alrededor de 200 indígenas, de
manera que a esta ciudad llegaron unos 500. Tal como había prometido
el gobernador, estos indígenas fueron repartidos entre los
expedicionarios, a fin de que los empleasen para
su servicio personal. Debido a las
duras condiciones a las que fueron sometidos, los indígenas traídos
desde Talamanca murieron en gran número.
Según testimonio
del gobernador Haya Fernández, nueve años más tarde, de los
500 indígenas que habían llegado a Cartago, quedaban solo 200.
Respecto del cacique Presbere y los demás líderes fueron todos
encarcelados en el convento de La Soledad en espera de ser
enjuiciados.
En el Archivo
General de Indias en Sevilla se mantienen los documentos originales
del juicio, la sentencia condenatoria contra Presbere y el
cumplimiento de la pena de muerte, en un expediente sobre reducción
de los indios Talamanca de la Audiencia de Guatemala.
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Fuele
preguntado cómo se llama, de á dónde es natural, que edad y oficio
tiene: dijo que se llama Pablo Presbire y que es de la nación que
llaman, en la Provincia de Talamanca, Suinse; no pudo decir su edad:
parece por su aspecto ser de más de cuarenta años y que es cacique
de dicha nación, y esto responde.
Fuele
preguntado si sabe que el Rey nuestro Señor (Dios le guarde) tiene
todas sus ciudades, villas y lugares tiene puestos sus reales
justicias para castigar lo malo y premiar lo bueno: dijo que lo ha
oído, y esto responde.
Fuele
preguntado si estando en la inteligencia de lo que contiene la
pregunta antes de ésta ¿cómo cometió en grave y atroz delito de
conspirar los indios de las naciones que estaban reducidos al yugo
de nuestra fe católica por medio de ministros evangélicos y con
ellas ejecutó el dar muerte a los Reverendos Padres Fray Pablo
Rubudilla, Fray Juan Antonio Zamora, diez soldados y la mujer de uno
de ellos en los, pueblos de Chirripó, Urinama y Cabécar quemando
iglesias, cogiendo los ornamentos sagrados, los cuales parecieron
hechos pedazos haciendo menosprecio de ellos?.
Dijo
que porque vinieron los indios de Tuina, Cabécar y San Buenaventura
y los de San Juan y Santo Domingo escribir papeles, así a los
Reverendos Padres como al Padre Fray Antonio de Andrade y soldados
de los que estaban en su compañía, para esta ciudad, juzgando era
para que fuera los españoles a sacarlos de sus pueblos para ello,
cuya voz corrió entre ellos: vieron los que se aunaron y cometieron
el delito que contiene lo que se le pregunta, y esto responde.
Fuele
preguntado si sabe ó vio que
Balthasar, Pedro Pocrí, Antonio Truscara, Pedro Bettuqui y Melchor
Daparí, á quienes trajo presos
el dicho maestro de campo
á esta ciudad y hoy prendí al último
en ella, cooperaron en dicho alzamiento y muerte: dijo que no sabe
que ninguno de los contenidos cometiesen tal delito y esto responde.
Fuele
preguntado si conoce á sabe que otros indios de los que sacó dicho
maestro de campo á esta dicha ciudad, sean cómplices en el
alzamiento y muerte: dijo que no sabe ni oyó decir que ninguno de
los dichos indios hiciese tal cosa y esto responde. Y aunque se le
hicieron otras preguntas y repreguntas en razón de la dicha
conspiración, muertes de dichos Reverendos Padres y soldados, dijo
que dice lo mismo que tiene dicho en los antecedentes...
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El 1 de julio, el
cacique fue condenado a ser exhibido por toda la ciudad en la que se
pregonaría su delito, luego arcabuceado y finalmente decapitado,
para exhibir su cabeza en un mástil, ya que en la capital no había
verdugo para aplicar el garrote. La sentencia que
se cumplió el 4 de julio del año de 1710 decía así:
... fallo que de condenar al dicho
Pablo Presbere, por lo que contra él está probado, sin embargo, de
la negativa que tiene hecha en su confesión, que sea sacado del
cuarto donde le tengo preso y puesto sobre una bestia de enjalma y
llevado por las calles públicas de esta ciudad con voz de pregonero
que diga y declare su delito, y estramuros de ella, arrimado á un
palo, vendado los ojos, ad módum deli sea arcabuzceado, atento a no
haber en ella verdugo que sepa dar garrote; y luego que sea muerto
le sea cortada la cabeza y puesta en alto que todos la vean en el
dicho palo...
En
la actualidad y como consecuencia de la ejecución de esta sentencia
el cacique se ha convertido en un héroe para las tribus indígenas.
En Costa Rica se conmemora la fecha de su muerte desde el miércoles
19 de marzo de 1997, cuando la Asamblea Legislativa de la República,
declaró a Pablo Presbere Defensor de la Libertad de
los Pueblos Originarios. Nunca
imaginaría nuestro paisano la repercusión que siglos después tendría
su expedición.
El 21 de junio de
1.711 el gobernador Granda y Balbín fue destituido. Bastante enfermo
se retiraba a Nicaragua para curarse. El mando político y militar de
la provincia de Costa Rica pasó al iznajeño D. José de Cassasola
y Córdova, quien ejerció como teniente de gobernador durante los
años de 1711, 1712 y 173, año este último de su fallecimiento.
Murió en Cartago y fue enterrado en el cementerio
de la catedral de esta ciudad. Según una crónica de sociedad
murió el día 23 de Abril de 1.713, aunque algunos documentos situan
este fecha el 28 de abril y otros en los primeros días de mayo de
ese mismo año.
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Triste ha sido la amanecida en esta bellísima ciudad de Cartago,
capital de la provincia que lleva su nombre, en Costa Rica.
El Gobierno civil, el Casino y todos los edificios oficiales han
aparecido con banderas a media asta y crespones negros en señal de
duelo. Ha fallecido esta noche el Vice-Gobernador Civil de la
provincia. Una vez más la muerte ha segado una vida joven llena de
promesas en la carrera política y militar; ha fallecido el Excmo.
Sr. D. Joseph de Cassasola
y Córdoba, joven militar de 46 años, oriundo, según parece del reino
de Granada en las Españas.
Ha
sido en su corta vida capitán, maestre de campo, familiar del santo
Oficio de la Inquisición, desempeñó así mismo los más altos cargos
de la provincia, como son: Alcalde ordinario de la capital de la
misma desde 1.708 al 1.712. En la actualidad , como queda dicho, era
Vice-Gobernador Civil de esta provincia de Cartago en Costa Rica.
Su
esposa, la Excma. Sra. Doña. Águeda de Muro y Echevarría de noble
estirpe en el reino de Navarra, en España, con quien se casó en
diciembre de 1.700, está recibiendo a la hora de escribir esta
crónica, muestras especiales de condolencia de todos los estamentos
más representativos de la sociedad y numerosos particulares.
Lloran amargamente junto a su madre los hijos mayores del finado, D.
José Francisco de 12 años y con poco más de ocho, Juan Manuel. Aún
no entienden lo sucedido las niñas e hijas del finado: Antoñita y
Josefa, de seis y cuatro años respectivamente.
El
sepelio tendrá lugar mañana en el cementerio de hombres ilustres de
la ciudad, previa la misa de “ Córpore insepulto” en la catedral de
la diócesis y presidida por el Sr. Obispo. Reciba la esposa, hijos y
familiares el testimonio del sentido pésame de nuestro periódico. El
corresponsal de sociedad.
Cartago en Costa Rica, 23 de Abril de
1.713 |
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