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IZNÁJAR  TIERRA DE FRONTERA

El imparable avance de la reconquista va a suponer para Iznájar un nueva situación estratégica que lo llevaría a ser primera línea de frontera del reino nazarí de Granada.  En 1.430 el rey D. Juan II decide movilizar las tropas de la frontera, irritado porque el nazarí Muhammad IX se había negado a pagar parias y además se alió con su enemigo Alfonso V; por tanto el rey castellano se negó a prorrogar las treguas. Ya en noviembre de este año el Adelantado Mayor de Andalucía, Diego Gómez de Ribera, realizó algunas incursiones acompañado del obispo de Jaén, D. Gonzalo de Zúñiga "porque se vengase de sus enemigos y los nuestros”. Esta agitación en la frontera no parece que en principio afectara mucho a los habitantes de Iznájar pues tenemos noticia que durante el mes de mayo de 1.431, se fijaron los términos entre Iznájar y Lucena, conociéndose los nombres de los últimos habitantes musulmanes que vivían en la villa. En una escritura de amojonamiento de términos, el 15 de mayo de 1.431, ante Ferrand Ruiz, esribano público de la villa de Lucena se juntaron Diego Fernández y Mahomad Carmoní, alcaide de Iznájar, para señalar los límites jurisdiccionales de ambas villas. Cuenta el crónica de Lucena, López Salamanca, que estos linderos han permanecido hasta nuestros días sin variación, poniendo de manifiesto que la relación entre poblaciones fronterizas, preocupadas en solucionar sus problemas comunes pese a estar separadas política y religiosamente, estaba un tanto al margen de las luchas políticas de sus dirigentes.

" Estando Diego Fernández e Mahomad Carmoní moro alcaide de la villa de Isnaxar del Reyno de Granada e con ellos otra mucha gente de a cavallo así chistrianos con el dicho Diego Fernández como moros con el dicho Mahomad Carmoní alcaide de Isnaxar e el dicho Mahomad Carmoní (...) que sabía e fablaba el nuestro lenguaje castellano claramente e segund que yo e los dichos testigos e la otra gente que y estava vimos e oimos su fabla, et estando así juntos los dichos Diego Fernández e Mahomad, alcaide sobredicho fablaron en uno sobre razón de los téminos de las dichas villas e de las tierras que cada una de ellas poseya e razonaba ser suya aunque los de la dicha de Isnaxar decían ser su término fasta ciertos lugares que no estaban e los de la villa de Lucena decían no ser tanto el dicho su término de la dicha villa de Isnaxar e acordaron que por tirar los dichos debates que así estaban que dende adelante no regresasen otros que ahora tienen que los términos de las dichas villas fueren señalados en presencia de los omes buenos antiguos así christianos como moros de la dicha villa de Isnaxar que y estaban presentes , testigos e examinados los dichos términos e asimismo si necesario fuere renovados e amojonados porque a todos fuere manifiesto e notorio e no oviese otra dubda de que nasciesen otros daños que fueren trabajosos de de remediar et conformes que se hiciere luego así por bien de anbas las partes; et luego los dichos Diego Frenández señor de la dicha villa de Lucena et el dicho Mahomad Carmoní alcaide de la dicha villa de Isnaxar tomaron et rescibieron por testigos sobre la señal de la cruz et por las palabras de los sanctos evangelios segund la forma de derecho a Alfonso Ruiz, adalid, e a Juan Ruiz Vaquerizo e a Juan Fernández Ballestero e a Juan Ruiz de Cañete e a Juan martínez de Estepa e a Alfón Ruiz et Antón Sánchez el Recio et a todos los moros vecinos (...) de Isnaxar de los quales a cada uno de ellos rescibieron juramento como el derecho quiere faciéndoles poner contra la parte del mediodía, que los moros dicen alquibla, las manos alcadas juraron por quel dios todopoderoso que no ay otro syno él que es conoscedor e alcancador de todas las cosas et que por la dicha alquibla segund que los moros creen que deven facer su oración et por lo que creen que rescibió Jacob dicha fe de dios para sí et para sus fijos et por este homenaje que fizo dicha gente et por la verdad que los moros creen que puso dios en la boca de Mahomad, fijo de Audalla que los moros dicen que fue su profeta et su mandadero, que bien e leal e distintamente deslindasen e señalasen los dicho términos entre las villas con los sobredichos christianos que así avyan jurado de lo facer e complir a que si así no lo ficieren que dios ge lo demandare mal e caramente e que no oviesen parte con el dicho Mahomad que creyan que fue profeta e mandadero de dios, en ningún ni alguno de los paraisos, más que todas las penas que los moros creen que dará dios a los que no creen en su ley viniesen, e cayesen sobre ellos e sobre sus mujeres e sus fijos a lo que los dichos moros susodichos e cada uno de ellos dixieron: si juro e amén. Et fechos e rescibidos los dichos juramentos de los dichos testigos Mahomad aben Haçerí e Mahomad Çaide e Mahomad aben Mandil et Coin Toson et Alí aben Belybalon moros los cuales sabían la nuestra lengua castellana , e los dichos testigos christianos e moros suso nombrados fueron con los dichos Diego Fernández et Mahomad Carmoní a deslindar, a ver e recorrer los lugares por donde partían los términos de las dichas villas e todos de una concordia e los moros que no sabian la nuestra lengua por señales ciertas e manifiestas fueron a lo que dicho es, et concordando con los otros testigos christianos e moros en cuál era el lugar donde se partían los términos de las dichas villas et hicieron un mojón en señal de partimiento en la Peña del Águila encima de un castillejo, que el mojón ficieron de piedra e dende a dar al arroyo de la Mata de Tora por encima del cerro, aguas vertientes al rio de Rianzur es de Luçena e lo otro de Isnaxar et de la otra parte del arroio fasta  llegar al atalaia Aguda et dende todavia por encima de la loma et encima de la loma ficieron otro mojón de piedra menuda et dende todavia por encima de la loma quedando que las aguas vetientes contra la dicha villa de Luçena señalandolo por tierra de Luçena e aguas vertientes contra Isnaxar por tierras de Isnaxar señalandolo por encima de la loma e dende por una quebrada de una arroyada ayuso fasta dar en el río de Guadaxenil que es cerca de una cabrera que es encima del Bado del Fresno que es en el dicho río de Guadaxenil et dende el dicho rio adelante: el río ayuso fast llegar al Escorveruela  que dicen de Benamexi en que parten sus términos la villa de Luçena e el dicho castillo de Benamexí et los dichos Diego Fernández et Mahomad Carmoní por lo dicho dispusieron que los dichos christianos e moros dispusieran a una concordia segund dicho es como las dichas villas Luçena e Isnaxar partían los dichos sus términos partidos et señalados et amojonados en la manera que dicho es fincando las dichas partes contentas e pacificamente sin ninguno ni alguna contradicción et ficieron la dicha renovación de señales por donde los dichos testigos é cada uno de ellos dixeron quedaban que los avían siempre visto e oído raçonar a los antiguos ...”

 

De esta manera Iznájar quedó como primer puesto avanzado en la defensa del reino de Granada frente a los cristianos. Unos meses más tarde el rey de Castilla salió de Córdoba, el 13 de junio penetró en el reino de Granada y saqueó la campiña próxima a Moclín. Yusuf Ibn Mawl, su cuñado Ridwán Bannigas y siete de sus partidarios acudieron al campamento castellano y prestaron juramento de fidelidad a Juan II. Yusuf ibn al-Mawl, se declaró vasallo del rey Juan de Castilla a cambio de la ayuda de éste para ocupar el trono de Granada. Aceptó un tratado de tregua con los castellanos en el cual se le imponía vasallaje y asistencia a las Cortes castellanas, 20.000 doblas anuales de parias y la liberación de todos los cautivos cristianos. Los capitanes cristianos D. Diego Gómez de Ribera, Adelantado Mayor de Andalucía en la guarnición fronteriza de Sevilla y el Maestre de Calatrava D. Luis de Guzmán en la circunscripción de Córdoba y Jaén, mantenían continua alarma en sus respectivas fronteras, realizando constantes razzias para asolar los campos de las gentes adictas a El Zurdo, hasta crear un estado de inquietud y desasosiego.

Tras la batalla de la Higueruela, los Bannigas y sus aliados castellanos van a entronizar al pretendiente nazarí. Montefrío se sublevó en favor de Yusuf Ibn al-Mawl. El gobernador militar de Andalucía, Diego Gómez de Ribera junto al maestre de Calatrava, don Luis de Guzmán, capitán mayor en el obispado de Jaén, contribuyeron con una valiosa ayuda logrando que el granadino fuera reconocido en la mayoría de plazas fronterizas del oeste. Sus agentes intrigaron en distintas localidades en el otoño de 1431: Cambil, Illora, Casarabonela, Turón, Ardañes y El Castellar reconocieron la autoridad de Ibn al-Mawl. El 3 de diciembre, fue tomada Loja por un destacamento de granadinos acaudillado por los Bannigas fieles a Abelnamao y sostenidos por los castellanos. El jefe del clan abencerraje Yusuf Ibn al-Sarraÿ pereció en el duro combate. Al día siguiente, el 4 de diciembre de 1.431, ante semejantes acontecimientos los iznajeños no tuvieron mas remedio que entregar la plaza a los Bannigas y reconocer la soberanía del pretendiente,  según se cuenta en las Crónicas Españolas:

Después de tomada Loxa, estando el rey en la ciudad de Zamora, supo que se habían entregado a su vasallo Yusuf IV, rey que llamaban de Granada, por mandato de su rey D. Juan II de Castilla , las villas de Archidona e Isnaxar , e tomaronse estas villas a cuatro días del mes de Diciembre de 1431.

Tardarían los castellanos algún tiempo aún en conquistar Iznájar. En los últimos días de diciembre de 1431, Muhammad IX al-Aysar ("El Zurdo") decidió abandonar Granada donde la revuelta se hacía oir en el populoso barrio del Albaicín como consecuencia de la falta de víveres. Huyó de noche y se refugió en Almería con una escolta de ciento cincuenta hombres. Ridwán Bannigas y sus seiscientos jinetes vencieron a los no numerosos partidarios de El Zurdo que trataban de cortarles el paso y luego ocuparon Granada y la Alhambra. Yusuf IV recibe las noticias en Illora, a donde se había trasladado con su incipiente corte hasta ser reconocido en Granada el primero de enero de 1432 como legítimo sultán.

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LA CONQUISTA CRISTIANA DE IZNÁJAR

Realmente ningún cronista ha dejado constancia escrita de la conquista de Iznájar. Hasta el momento todo son suposiciones;  Laredo Quesada citando al Abab de Rute situaba la conquista en diciembre de 1.433 cuando "ya entrado el invierno, Gómez de Ribera se apoderó de Turón, Ardales e Iznájar  y ayudó al alcaide de Jimena de la Frontera a rendir el Castellar en diciembre de 1.433”. La Crónica de Alvar García de Santa Maria, seguida por otros autores,  insiste en esta misma fecha. Por su parte el Abad de Rute está más acertado:

"De esto ultimo se colige que cuando la villa de Iznaxar se dio en tenencia a Pedro Fernandez , era recien ganada de los moros y no pudo ser sino en uno de los dos años antecedentes de 32 o 33 , o en el mismo de 34, porque la Crónica del Rey D. Juan cap. 218, sabemos al fin del año 31, Iznajar era poseida de los moros"

En este sentido, tal vez el autor que más se aproxima a la realidad sea José Luis de Lope y López de Rego cuando cita que por sobresalir dicho alcaide, don Pedro Fernández de Córdoba, en la conquista de Iznájar, así como por haber permanecido en la custodia y defensa y, sobre todo, por haber reforzado y fortalecido sus murallas, Juan II le nombra Teniente Alcaide del Castillo y de la Fortaleza de Iznájar...

Efectivamente la conquista definitiva de Iznájar por las tropas cristianas tiene lugar un 25 de Julio del año 1.434, festividad del Apóstol Santiago, a quien está dedicada la Iglesia parroquial, construida posiblemente sobre la antigua mezquita mayor. Sabemos que la iglesia actual, que aparece en los documentos existentes en la Parroquia y el Archivo Municipal como del señor Santiago, ya se estaba construyendo en 1.547 y está edificada sobre una anterior que al parecer era de "una nave con seis arcos atravesados por largo, de artesones de yeso con los techos de madera labrada no a lo primo, e tablazón.” , indicando un estilo de arquitectura granadina o nazarí.

La confirmación de  esta fecha y no otra, esta avalada por varios motivos; el primero de los cuales es el hecho, que era común entre los cristianos, de consagrar una iglesia en el mismo lugar que se levantaba la mezquita de la población musulmana conquistada, a la que ponían bajo la advocación del santo del día en que se producía la conquista. Así sucedió en Cabra, Antequera, Alora, Archidona, Loja, Alhama y Montefrio, lugar este último donde los Reyes Católicos  mandaron construir una iglesia en su castillo, tal como venía siendo costumbre en ellos al conquistar alguna fortaleza mora.

El segundo de los motivos que avalan esta fecha es que también eran frecuente las incursiones y tomas de lugares en primavera-verano. Al año siguiente de la conquista de Iznájar el conde de Cabra, D. Diego Fernández de Córdoba, toma el castillo de Cesna (1.435) y un año más tarde el de Pesquera (1.436) , poblaciones ambas colindantes con nuestro término municipal. Esta costumbre de entrar en tierra de moros parecía estar bastante arraigada en la Casa de Cabra, pues el día de Santiago de 1.462 entró el Conde de Cabra acompañado de Martín Alonso, su yerno, en tierras de moros, corrió a Loja y sacó de su término muchos ganados, quemó muchos panes y linos. Al parecer el grito de guerra de estas tropas era Por Santiago y cierra España. Además habría que tener en cuenta que estas algaradas se dan en verano por un factor primordial: el clima. Para quién conozca la peña sobre la que se asienta nuestro castillo no dudaría de la imposibilidad de su conquista durante el invierno y menos aún en el mes de diciembre, como nos dice Laredo Quesada.

Iznájar en ese tiempo era una villa fuertemente amurallada, con tres recintos fortificados y únicamente tres puertas de acceso en el recinto exterior, protegidas quizás por torres. A todo este sistema defensivo habría que añadir los tajos que rodean la población en todos sus ángulos, resultando altamente inaccesible. Hay que tener presente que los tres accesos a la población en estas fechas; la Puerta de la Muela, la del Rey y la Cruz del Postigo, más un cuarto situado en el Caganchuelo y defendido por una torre que serviría solo para gentes de a pie, presentan una acusada pendiente difícil de ganar con buen tiempo, cuanto menos con lluvia, humedad o escarcha que es su estado habitual durante los meses invernales. Tanto la zona del tajo de los Albaicines, como el tajo del Coso o el del cementerio y el tajo de la villa son inaccesibles durante todo el año, constituyendo un un foso natural. Entre la fortaleza existían torres rodeando la población que junto a estos accidentes naturales y profundos, las laderas con grandes pendientes, y los barrancos cortados a plomada, por los que era muy difícil trepar,  daban seguridad a los que se enriscaban en la cumbre. Por tanto si alguna posibilidad tenían las tropas de asalto de aproximarse al pueblo debía ser en verano, cuando la calícula veraniega secase el terreno para permitir acceder a las caballerías y aproximar las bastidas (máquinas de guerra) al recinto amurallado, o acercar las catapultas cuyas grandes bolas de piedra caliza podemos hoy ver en la entrada de la biblioteca pública. Sin olvidar que para esta época ya estaba en uso la pólvora y los artefactos artilleros, aunque de manera incipiente. Los muros de muchas fortificaciones no podían resistir la furia de los cañones. Tenemos además noticias que hablan del mal estado en que quedaron los muros y torreones de la población tras su conquista, "cuando esta tierra se conquistó, por los continuos debates de los moros, quedaron muy maltratadas las murallas y torreones, y que para fortificarla fue necesario hacer una grande calera”. Por todo ello el asalto debió resultar duro y los habitantes presentarían una fuerte resistencia.      

Tras la conquista la población musulmana fue expulsada, como era habitual cuando una villa se ganaba por las armas, y como pone de manifiesto el II señor de Baena, D. Pedro Fernández de Córdoba, al protestar el el privilegio concedido por el rey a Yañez de Barrionuevo  entregándole los lugares de Rute y Zambra,  ambas poblaciones dentro del término iznajeño. Esta concesión parece un poco extraña y su justificación habría que entenderla en la necesidad de repoblar estos lugares que tras su conquista habían quedado deshabitados. Ramírez y las Casas-Deza confirma que la donación de Rute fue para que las poblase y publicó convocatoria para que acudiesen pobladores, por lo que vecinos de Segovia, Loja e Iznájar acudieron a este llamamiento. Un tanto difícil se nos antoja que vecinos de Iznájar pudieran acudir a poblar Rute, cuando la villa estaba deshabitada, según nos cuenta el propio Pedro Fernández de Córdoba, su conquistador.

 

La cual dicha merced fue contradicha en el mi consejo por Pedro Fernandez mi Alguacil mayor de Córdoba , e mi Alcayde de la villa de Iznaxar por su posicion que ante mi presento , en que dixo la dicha carta ser surepta e ninguna e que yo la debia revocar, porque la relacion que por el dicho Ramir Iañez de Barrionuevo me abia sido fecha. Que non fuera verdadera, e diciendo que el en dicho termino posee la dicha villa de Iznaxar, e que fue ganado asi mismo el dicho termino para mi e que si tal modo se ficiere que seguiria mi deservicio, e daño a la dicha villa de Iznaxar, e que non se poblaria"

 

Diego Fernandez ,Sr. De Vaena, Mariscal de Castilla.  Confirma.

 

El argumento más importante por el que suponemos la conquista de Iznájar en la fecha antes mencionada nos lo proporciona el titulo de concesión del Oficio de Alguacil de Iznájar, en la figura de D. Pedro Fernández de Córdoba, el día 3 de Septiembre de 1.434.  Fué normal durante la reconquista la entrega en tenencia de las villas conquistadas al noble que dirigía las tropas. Así ocurrió en Archidona, cedida por Enrique IV en calidad de señorío a los sucesores del conquistador D. Alonso Téllez Girón y de igual forma en el castillo de Ardales, conquistado el 24 de marzo de 1.389 durante el reinado de Juan I, por el caballero don Juan Ramírez de Guzmán, al que Enrique III concedió el señorío de la población. Esto mismo ocurrió en Iznájar, pues poco más de un mes tardaría nuestro noble en recibir el titulo. D. Pedro estuvo al frente del alguacilazgo de Iznájar escasamente un año,  murió en Segovia, en  septiembre de 1.435, tras lo cual la villa fue entregada a su hijo D. Diego Fernández de Córdoba y continuó en manos de esta familia hasta la creación del Vizcondado, ya como pertenencia hereditaria.

El alguacil era un cargo honorífico con la función de gobernador de una ciudad o comarca con jurisdicción civil y criminal. Este oficio era por entonces calificadísimo y de grandes preenminencias. La cesión de la villa implicaba la jurisdicción sobre Rute y Zambra que como hemos visto anteriormente pertenecían al término de Iznájar. El alcaide tenía a su cargo la guarda y defensa de algún castillo o fortaleza bajo juramento o pleito homenaje y era el encargado de la conservación y administración de algún sitio real. En origen todas las fortificaciones eran de dominio real y el soberano designaba a distintos nobles como "tenentes" (el que tiene la fortaleza), con carácter no hereditario. Esta condición de los castillos como derecho de la corona se mantuvo incluso cuando estas edificaciones pasaron a ser propiedad de las familias nobles. Así los soberanos conservaron el derecho de entrar y alojarse en cualquier fortaleza del reino. Los alcaides de éstas, sin perjuicio del "pleito homenaje" que hubieran hecho a sus respectivos señores, tenían la obligación de franquear la puerta al rey.  

 

D. Juan, por la gracia de dios rey de Castilla , de León, de Toledo , de Galicia, de Sevilla , de Córdoba, de Murcia, de Jaén del Algarbe, de Algesira, e señor de Vizcaya y de Molina, por facer vien y merced a vos, Pedro Fernández de Córdoba mi alguacil mayor de Córdoba, acatando los buenos y leales servicios que vos habedeis fecho y fasedes de cada día y en alguna encomienda y remuneración dello, tengo, por bien, y es mi merced, que de agora y de aquí en adelante para en toda vuestra vida, seades mi alguacil mayor de la mi villa de Isnaxar...

 

Et mando al concejo, alcaides, regidores y oficiales, vecinos de dicha villa, que a vos hayan y reciban por mi alguacil, y usen con vos y con la persona o personas que vuestro poder para ello obiere en el dicho oficio, agora y de aquí en adelante para en toda vuestra vida, seades mi alguacil mayor de la mi villa de Isnaxar...

 

Et mando al concejo, oficiales y vecinos de la dicha Villa de Isnaxar que lo tengan a pregonar públicamente y por pregonero por las plazas y mercados acostumbrados de la dicha villa, para que venga a noticia de todos los vecinos de ella...

 

Dado en la ciudad de segovia a tres días de Septiembre del año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo, de mil cuatroscientos tresinta y cuatro años.

Yo el Rey

 

 

Tras la conquista el castillo fue reparado y se abasteció la plaza una vez expulsada la población musulmana, aunque es probable que al menos en el termino jurisdiccional se respetara a parte de la población y sus propiedades en condición de mudéjares, como ocurrió en otras muchas plazas conquistadas. De hecho, en los censos de población posteriores a la conquista aparece un buen número de moriscos. La villa fué repoblada de cristianos como aseguran los testigos.

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LA BATALLA DE LUCENA

Uno de los episodios más interesantes, en los que el territorio iznajeño una vez más va a ser protagonista principal en las luchas de reconquista, se produce a pocos años de la conquista definitiva de Granada por los Reyes Católicos.  Corría el año de 1.483, cuando D. Diego Fernández de Córdoba y Carrillo, II Vizconde de Iznájar y Conde de Cabra, acompañado de  su sobrino, Diego Fernández de Córdoba de Espejo, alcaide de los Donceles, derrotaron y apresaron a Boabdil, rey de Granada, en la batalla de Lucena o del arroyo de Martín González, donde cuentan las crónicas murió Alí al-Attar, viejo de 90 años, que fue vendedor de especias y general famoso, Alcaide de Loja, señor de Xagra, primer mayordomo de la Alhambra y alguacil mayor del reino de Granada, suegro del Rey Boabdil. Las espadas apresadas en la batalla a Boabdil y su suegro se conservaron en el Museo del Ejercito en Madrid.

Esta batalla de Lucena o del arroyo de Martín González, se desarrolló en realidad en el término de Iznájar, que entonces limitaba con Lucena, como hemos visto anteriormente. El desenlace se produjo en el río La Hoz, en la zona conocida como "Viudera", finalizando en de Fuentes de Cesna, en tierras granadinas colindantes con nuestro término municipal, como cuenta Hernando del Pulgar, a las mismas puertas del castillo de Cesna:  "El Conde y el alcaide de los Donceles fueron contra ellos matando é captibando hasta un lugar que se llama Xezna que es cinco leguas de Lucena” .  Alusivo a la batalla existe un relieve en el tablero de la sillería del coro de la catedral de Toledo, donde en una de las torres se lee Xornas correspondiendo al nombre de Xezna, lugar a cinco leguas de Lucena.  

Pero pasemos al relato de los acontecimientos que se nos antoja más esclarecedor.  En 1481, como represalia por una incursión capitaneada por el marqués de Cádiz contra Ronda, sus habitantes se apoderaron de Zahara. Una serie de acciones bélicas se desataron inmediatamente; el 28 de febrero, tropas andaluzas tomaron Alhama, que ya no se perdería pese a los repetidos intentos de recuperación por parte del monarca granadino Abu-I-Hasan Alí, y de su visir Bannigas. Poco más tarde, un golpe de estado, llevó a la Alhambra a Muhammad XII (Boabdil). Por su parte, "El Rey Viejo", padre de Boabdil, instalado en Málaga, realizó con éxito una serie de saqueos por los campos de Tarifa, Cañete la Real, Teba, Ardales y Turón; igualmente, en los primeros días de abril, el soberano granadino se decidió a correr las comarcas cordobesas de Baena y Luque desde donde, tras asolar los campos regresó a Granada con abundante botín. Boabdil emulando a su padre y deseando un éxito mayor que el producto de los saqueos lo buscó, tal vez aconsejado por su suegro Aliatar, poniedo sitio a Lucena el 20 de abril mientras otros contingentes de tropas corrían las tierras de Aguilar, Montilla, La Rambla, Santaella y Montalbán.

La crónica del Abad de Rute dice que se presentó con unos mil quinientos jinetes y algo más de seis mil peones, ante las murallas de Lucena a las cuales se habían acogido sus moradores, dispuesto a hacerla suya por la fuerza: "Tentó el enemigo de entrar en el arrabal y poner fuego a las puertas de la Villa en vano, porque gallardamente se lo impidieron los defensores acaudillados por Hernando de Argote, alcaide de la villa y deudo del de los Donceles. Había dentro del lugar alguna gente más de lo ordinario, que se habían recogido al advertir por las ahumadas del acometimiento de los moros".

Los iznajeños dieron aviso de la incursión del ejercito de Boabdil por medio de fuegos en la cadena de atalayas que constituían la frontera, desde nuestro castillo a la atalaya del canuto de Rute, desde aquí al castillo de Zambra y desde este a Lucena. La noticia llegaba a Baena en la medianoche del mismo día 20. " El Conde de Cabra, que había con gran cuidado reparado las atalayas de todo su estado , y puesto en ellas hombres de confianza , de manera que de su villa de Iznájar se diese aviso, habiendo entrada de enemigos a la de Lucena , cuyo dueño interesado y celoso de la seguiridad de sus vasallos, habia de darla a la de Cabra, y Cabra a la Torre del Puerto en el monte de Horquera, y a Doña Mencía, de las cuales habían de ser avisadas Baena y otros lugares convecinos. Esta prevención tan bien dispuesta, fue la que abrió el paso a la insigne victoria que en esta ocasión se ganó al enemigo con el socorro que llevó el Conde oportunamente a Lucena."

Vistas por el Conde de Cabra las señales que hacían desde el monte de la Horquera, se aprestó en el acto para acudir con su gente en auxilio de su homónimo, el alcaide de los Donceles. En Cabra, donde tomaron la enseña de aquella villa porque con las prisas habían olvidado en Baena la del Conde, se unieron nuevas fuerzas. En total, unos trescientos jinetes y mil quinientos infantes dieron vista a Lucena alrededor de las diez de la mañana del día 21 de abril. "Adelantándose con algunos caballeros y llegó a Lucena que era entonces población de trescientas casas[...] halló dentro al Alcayde de los donceles Diego Fernandez de Córdoba [...] Le dijo sobrino yo partí de Baena con intento de pelear con el Rey. Ved lo que os parece. Respondió el Alcaide que aunque era mozo era muy cuerdo, temeridad me parece con tan poca gente acometer a tantos, espere vuestra señoría que dentro de dos horas llegaran los socorros que me han ofrecido de la Vedonda que es de la rambla Santaella, Montilla, Aguilar, la puente y de otros lugares.”

El Conde, presuroso por salir y resuelto a pelear, continuó en seguimiento de Boadil. Se retiraba entonces lentamente el ejército granadino, embarazado en su marcha por un cuantioso botín, fruto del saqueo de la Campiña. El alcaide de los Donceles vista la resolución del Conde hizo salir su seña con cincuenta caballos, y alguna gente de Aguilar, Montilla y La Rambla y doscientos infantes, acaudillándolos el alcaide Hernando de Argote, los cuales mandó se juntasen con la bandera del Conde. Una vez juntos, acordaron enviar delante, por el camino que llevaban los moros, cincuenta caballos ordenándoles que sin llegar a las manos con el enemigo, aunque lo encontrasen, volviesen a darles aviso. Llegó el Conde con su gente, cuando la retaguardia enemiga trasponía el collado por el que asciende el viejo camino de Granada, marchaba delante "el peonaje todo, con la cabalgada de cautivos y ganados, y con el carruaje guarnecido de hasta 700 caballos".

Al llegar a la Sierra de Aras las huestes de Boadbil ya sabian de la persecución a que eran sometidos y se dispusieron a pelear, sabiendo de los pocos que eran los cristianos: "Los moros, llegando al Campo de Aras, pago una legua distante de Lucena, a la una del día, y reparándose a comer un bocado, supieron de sus atalayas la venida de los cristianos en seguimiento suyo, y la poca gente que era, de que en su rey, viéndose tan superior en número, nació voluntad de pelear y confianza de victoria, con lo cual mandó hacer alto a su gente y juntarse, haciendo rostro al camino que los nuestros traían, cosa advertida por los descubridores del Conde y del Alcaide que se lo hicieron saber al punto, a así mandaron al conde y al Alcaide parar su bandera y señal y estar queda la batalla; y dejando a su hermano Gonzalo Fernández, comendador de la Obrería de Calatrava y de Argamasilla, y a Alonso de Córdova, su primo, y a Diego Fernández, tío del alcaide de los Donceles; el Conde, llevando consigo al Alcaide y a solo dos caballeros de su casa, Jerónimo y Ramiro de Valenzuela, fue a reconocer por su persona la gente y ordenanza del enemigo, porque se les encubría donde estaban, y desde una sierrezuela de monte alto, que señoreaba bien gran parte de la campaña, cerca de donde repararon sus descubridores y no lejos de los moros, vieron que seis batallas o escuadrones, que eran de caballos, se juntaron e hicieron un cuerpo los cinco, dejando otra gruesa de cuatrocientos caballos o más a la espalda de la mayor apartada hasta doscientos pasos, y que con la infantería en dos escuadrones abrigaron ambos costados de este mayor escuadrón, guarneciendo asimismo  cada ala de infantes con una banda de cincuenta o sesenta caballos, por ventura para que los animasen, apresasen y no les consintiesen desbordarse [...] Oíanse bien en nuestro campo, pero mandó el Conde que nadie les respondiese de palabra ni de obra, remitiendo a éstas la respuesta en breve tiempo, y por no perder alguno mandó a su gente se acabase de armar poniéndose los capacetes y baberas, y de la de caballo, que serían hasta trescientas cincuenta lanzas, hizo un escuadrón y dividiendo en dos la infantería, que serían hasta mil quinientos hombres, para que, a imitación de los moros, acompañasen ambas a la diestra y siniestra de la caballería"

Tras impartir las órdenes pertinentes "mandó el Conde mover la seña del Alcaide y la suya contra los moros, que bien ordenados ocupaban una ladera, a la bajada de una cuesta hacia una mimbrilla, y del todo no veían a los nuestros, tanto por la desigualdad de la tierra, como por la niebla de aquel día...". Boabdil, para evitar la rotura de sus escuadrones de caballería, ordenó que se reuniesen en uno solo "y tocar sus atabales y añafiles y dar una grande grita que llamaban ellos algazara, a lo cual respondieron los cristianos al mismo tiempo con otra como estaban advertidos y tocaron todos sus instrumentos de guerra, marchando en orden a buen paso [...] Ejecutose al punto y tocando sus atabales y añafiles con la acostumbrada algazara, movieron contra los cristianos que, ya mejorados de sitio, viendo venir a los moros, volvieron las enseñas contra ellos y [...] al son de sus trompas y cajas acometieron valerosamente a los moros y a los primeros encuentros los rompieron, dejando más de treinta caballeros, la flor de la Casa de Granada, muertos al pie de la sierrezuela y muchos fuera de la silla, rodando por el suelo, con que algunos comenzaron a volver las espaldas".

Ante el impetu demostrado por los cristianos en esta primera acometida los moros retrocedieron acobardados, pero Boadbil al darse cuenta de lo que ocurría arengó a su gente animándolos a hacerles frente: "el Rey bárbaro hizo rostro comenzando a decir a voces tened, tened, no huyais sepamos de quien huimos que furor os ha cegado los entendimientos por ventura estais olvidados que estos son los mismos que poco ha fueron nuestros, tendreis pues vos y ellos en esta pelea los animos que suelen tener los vencedores y vencidos mirad por la honra por vos mismos y por lo que dira la faena pensais que a las manos entorpecidas pondran en salvo los pies y volvieron a hacer rostro con mucho brio como gente que tenia delante a su Rey y peleaban con pocos."

Las escaramuzas continuaron, sin llegar a  mayores, hasta  el Arroyo de Martín González. Aquí los moros, confundidos por el sonido de una trompeta italiana que venian tocando las tropas del alcaide de Luque,  presos de pánico cabalgaban ya en franca huida:  "en el mismo tiempo llegó el buen alcaide de Luque Lorenzo de Torres con cincuenta caballos y cien peones tocando con una trompeta italiana entre unas carrascas. Oyendola Alhatar dijo al Rey señor esta trompeta es italiana, sin duda se ha movido todo el mundo contra vos, habiendo entrado en la batalla el alcaide de Luque y su gente desmayó el Rey y comenzó a huir siguiendole su gente y los nuestros los iban matando y hiriendo al pasar el arroyo de Martín González, cerca de Lucena en el mismo camino real de Loja”

El Conde al ver como huían  dispuso que varios caballeros de su casa, entre los que se encontraba el hijo del alcaide de Iznájar, Juan de Cabrera,  pasasen a la vanguardia de las tropas "Vista por el Conde y el Alcaide la rota de los moros, ordenaron que Gonzalo de Córdoba, su hermano ; su primo Alonso de Córdova, señor de Zuheros; Pedro Fernández, hermano del alcaide de los Donceles[...]; Juan de Cabrera, hijo del alcaide de Iznájar ; [...] y otros caballeros de las Casas del Alcaide y del Conde”,  ordenando que " hasta un número de ochenta o cien lanzas, pasasen adelante, siguiendo el alcance de los moros y procurasen deshacerles una batalla de hasta trescientos cincuenta o cuatrocientos caballos que iba junta; y el Conde y el alcaide de los Donceles, con casi cien lanzas que pudieron recoger, (los demás quedaron en el lugar del desbarato, matando y prendiendo moros), acompañándose del comendador Luis de Godoy, alcaide de Santaella, que con cuarenta lanzas y algunos de a pie, llegó al campo en aquella sazón, caminaron tras estos caballeros, haciéndole espalda por asegurar su poco número”.

Juntas las fuerzas del Conde y del alcaide de los Donceles, continuaron la persecución de los moros, que eran cuatrocientos de a caballo, que aún no habían perdido la forma de escuadrón, y algunas veces revolvían a pelear con las cien lanzas que iban en su seguimiento, se pusieron de manifiesta huida hasta llegar por los llanos del Pamplinar al río La Hoz: "De esta  manera, prendiendo y matando, llegaron vencedores y vencidos al Pontón de Bindera, pequeño río que nace entre los términos de Iznájar y Rute, donde hoy está fundado el muy religioso convento, dicho Jesús Maria de la Hoz, de recoletos Franciscanos, y corre hasta llegar al Genil tres cuartos de legua por entre ásperas riberas, pero pobladas de espesos árboles frutales, la mayor parte zamboas, con razón celebradas respecto de su grandeza y sabor. Dista de Iznájar este punto una legua, y es bien necesario para evitar las avenidas y difíciles pasos del río, cuales los tenía entonces yendo crecido. Aquí se consumó la victoria, porque los cristianos, valiéndose de la oportunidad del sitio, algo más llano que el que habían caminado, acometieron a los moros desalentados y los rompieron de todo punto, mientras procuraban coger el pontón unos, otros buscar el vado, de manera; que enlazándose unos a otros eran forzados a rendirse a los vencedores o a la muerte."

En este punto tiene lugar el desenlace de la batalla. El camino real que desde Lucena conducía a Loja cruzaba  el río la Hoz por el vado de Viudera, luego continuaba siguiendo el trazado de la antigua carretera de Rute, se dirigía hacia Montenegro y desde aquí por el camino de las Zarcas entraba en Iznájar.  Este fue el escenario de la batalla. Los iznajeños a los que se unió D. Alfonso de Aguilar, prevenidos por las ahumadas salieron al encuentro de las fuerzas de Boadbil atacándolas por la retaguardia obteniendo una sonora victoria en este punto. “Los que aquí sobraron , repartidos  por diversos caminos, buscaban la seguridad que a pocos concedió la suerte , porque Don Alonso de Aguilar tuvo noticia de lo que pasaba ,  partiendo de Antequera  con cuarenta caballos, anduvo a caza de moros y no la hizo pequeña; como si algunos de los concejos que habían respondido a la ahumadas , previniendo por atajos el paso del enemigo, que como todo era contrario también en los vados de su patrio Genil dejó no pocas vidas."

El alcaide de los Donceles y el Conde siguieron el alcance hasta el castillo de Cesna, fortaleza enemiga con población pequeña, una legua antes de Loja y casi cinco del lugar donde se dio la batalla; desde aquí, ya, cerca de la noche, se volvieron en ordenación y con riquísimo despojo. Esta derrota del ejercito granadino iba a suponer la desaparición, pocos años después, del reino nazarí de Granada, pues la muerte de Aliatar y el apresamiento de Boadbil, en el arroyo de Martín González, significaron el mas duro golpe infringido hasta el momento a los nazaritas.  

   



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