|
LA VILLA DE IZNÁJAR
|
|
|
|
EN ESTA PÁGINA |
|
|
|
página alojada por
|
|
|
|
|
EL
MUNDO IBÉRICO EN IZNÁJAR
En todo el sur de la provincia de Córdoba los estudios realizados
sobre la Antigüedad son escasos y en el término de Iznájar nulos. Es
cierto que hasta la fecha no se ha producido ningún hallazgo
espectacular que pudiera atraer la curiosidad de los historiadores.
Pero, no es menos cierto que Iznájar tuvo un amplio poblamiento en
época antigua, y que los restos arqueológicos que aquí se encuentran
son tan importantes y dignos de estudio como puedan ser otros mas
llamativos pero quizás menos importantes. Apuntaba
José Antonio Morena la existencia en nuestro término de tres
Torres de Aníbal
o recintos fortificados
ibéricos, además de un
oppidum
de cierta importancia,
según los
datos obtenidos en los procesos de prospección superficial
realizados con ocasión de Las Primeras Jornadas de la Real Academia
de Córdoba sobre Iznájar. En opinión del citado autor,
la
función de estos recintos estaría justificada desde el punto de
vista de una necesidad de protección de la frontera natural que
marca el río Genil en las rutas hacia y desde la costa al interior y
viceversa.
En
la Subbética el mundo ibérico se desarrolla entre los siglos V y III
a.C. como resultado de las influencias coloniales sobre la anterior
cultura tartésica, sin que hasta el momento se registren
traumas ni crisis. Los pueblos ibéricos que habitaban estas tierras
pertenecían a
la Bastetania. Se
distingue al pueblo bastetano por la aparición
en las necrópolis de tumbas de cámara
y larnakes ( cajas funerarias)
y la no existencia de monumentos turriformes y de pilar-estela.
Ambas características se dan en los yacimientos
iznajeños. A finales del
siglo V, desde el sureste hasta sierra Morena, parece probable la
presión comercial griega, que también se detecta aquí.
A partir de la Segunda Guerra Púnica el término iznajeño se
incluiría entre los Mentesanos, marcando el limite sur. Plinio
citaba como pertenecientes a en este territorio las ciudades de
Ategua, Hippo Nova, Ulia (Montemayor)
y Cisimbrium (Zambra).
Iznájar albergó al menos dos ciudades (oppidum)
ibero-romanas de cierta importancia, sin que hasta la fecha sepamos
su nombre, y varios "oppida"
menores que dependían de ellas. En la orilla derecha del Genil se
encuentran una serie de fortificaciones llamadas
Torres de Aníbal que formaron
una línea definida para defender una frontera. Por todo el término
existen numerosos asentamientos menores. Contaba además con una red
viaria importante que ponía en contacto los pueblos del interior con
los asentamientos fenicios de la costa malagueña y fue zona de paso
o cruce de caminos, importante a juzgar por los restos materiales
dejados por los pueblos que habitaron la zona y los que aquí
llegaron.
|
|
|
arriba
|
|
RECINTOS
IBÉRICOS
LA MEZQUITA
En
la
provincia de Córdoba son muy abundantes los denominados recintos
fortificados. Uno de estos recintos se encuentra en una isla
del pantano de Iznájar. El yacimiento conocido como la Mezquita
pertenece al término de Rute. Frente
a él, en el término de Iznájar existe otro recinto fortificado más
pequeño conocido como Los Castillejos, en la otra orilla del
Genil. Las distintas publicaciones consultadas se refieren al
primero como la Isla o el Cerro de la Mezquita. Está catalogado como
Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía, aunque hasta la
fecha no se ha realizado excavación arqueológica alguna.
El profesor Morena López lo describía
como "un oppidum o poblado
fortificado, de mediano tamaño, donde todavía es posible
sorprenderse ante sus majestuosos lienzos de muralla que se adaptan
perfectamente a la topografía del cerro. Estos delimitan una
superficie amesetada, dispuesta en dirección este-oeste, de unos 150
m. de longitud por 50-60 m. de anchura aproximadamente, lo que
supone una superficie intramuros de unos 8.000 m2. Los mejores
tramos de muralla se observan en el sector Norte, donde se ha
consolidado con bastiones cuadrangulares. Está construida con el
típico aparejo ibérico de sillares y piedras irregulares calzados
con ripios y lajas, entre los que se disponen a veces grandes
bloques de tipo ciclópeo. La defensa se reforzaba además gracias a
los importantes tajos que presenta el cerro por todos sus flancos,
sobre todo por el norte y por el sur, lugar por el que discurría el
Genil." En el lugar se han
encontrado cerámicas comunes, grises y pintadas con decoración
geométrica, restos de tégulas, fragmentos de ánforas, paredes finas,
terra sigillata, etc. Ha
sido hallado también un magnifico mosaico de época romana que fue
enterrado por su descubridor en espera de que se produzca una
prospección científica del lugar.
El
asentamiento cuenta con varias necrópolis, una de las cuales se
encuentra a escasos metros de la ladera norte. De ella procede una
magnifica falcata, actualmente en paradero desconocido, de la
cual se hacen eco algunos autores y aparece en algunas
publicaciones. Fue recogida por un pastor en su deambular por estos
contornos y vendida a un chatarrero. Existe una segunda
necrópolis, quizás de adscripción tardo-romana, hoy bajo las aguas
del pantano, donde se han expoliado algo más de 200 tumbas. En una
de ellas apareció un sarcófago de plomo argentífero en cuyo interior
se hallaron numerosas monedas de oro y algunos objetos de vidrio que
rompieron y desecharon. El sarcófago fue destrozado y sus restos,
esparcidos por el lugar, fueron recogidos por unos pastores y
vendidos al chatarrero citado. Los objetos de vidrio desechados eran
un espejo y una copa. La copa con dos asas, que ha sido fechada en
los siglos I-II d.C., se expone hoy en el museo arqueológico
provincial. Sobre esta pieza se dice que es índice del alto grado de
romanización alcanzado por los habitantes de la zona y de su elevado
nivel de vida.
Tengo entendido que de aquí proceden también valiosísimas piezas de
orfebrería visigodas, que han sido estudiadas y publicadas sin citar
su procedencia. Al parecer se trata una importante necrópolis, por
cuanto de aquí han salido numerosísimas fíbulas, hebillas de
cinturón y otros objetos adornados con piedras preciosas, que sirven
como ejemplo del arte visigodo en España.
El
origen de este oppidum se remonta al Bronce Final con una
ocupación plena durante época ibérica, romana y visigoda
como acredita la presencia de "terra sigillata", la cerámica de
paredes finas o los objetos mencionados. El lugar debió continuar
habitado en la etapa musulmana pues el topónimo "La Mezquita"
hace referencia a una ocupación árabe. Con posterioridad tal vez sus
habitantes pasaran a ocupar la desaparecida aldea del Remolino,
engullida por las aguas del pantano, que se encontraba bajo el
cerro, junto al río, en la orilla sur del Genil y que comunicaba las
poblaciones ribereñas en el camino hacia Málaga. Sobre la aldea
encontramos el otro recinto de menores dimensiones, Los
Castillejos, situado en una pequeña elevación del terreno. En el
lugar existían cuevas que debieron estar habitadas desde época
prehistórica.
LA SIERRA DE CAMPO AGRO
El
otro
oppidum citado se localiza al sureste de Iznájar, a unos 5
km. en línea recta, sobre la aldea de los Ventorros de Balerma, en
plena sierra de Campo Agro, en el límite que separa las provincias
de Córdoba y Granada. El recinto fortificado, inédito hasta el
momento, se encuentra relativamente próximo a las ruinas del
cortijo La Zarapata. Su extensión es considerable dado que ocupa
varias fincas pertenecientes al cortijo de la Alcaidía, en el
término lojeño, y por la zona este se acerca hasta las primeras
casas de la misma aldea de Balerma. Los restos arqueológicos
del poblado se centran sobre varias fincas; una primera de almendros
y otras dos contiguas de olivar, extendiéndose por el oeste hasta
unas terrazas de olivos jóvenes. La zona norte presenta fuertes
tajos hacía la carretera que conduce a los Ventorros de Balerma
donde parecen apreciarse algunos tramos de fortificación y se
adivina la línea de muralla de lo que debió ser el poblado.
Al noroeste el terreno en ascenso corona una ligera
elevación. Desde aquí parte un estrecho camino que recorre toda la
sierra. Por el sureste existe otra zona de monte. La posición de
dominio sobre el contorno es excelente presentando hacia el noroeste
enlace visual con la villa de Iznájar, el Cerro de la Mezquita y
todo el valle del río Genil.
Cuando
se procedía al desmonte de la zona quedaron al descubierto unas
estructuras que se desmoronaron. Se trataba de la necrópolis del
poblado. En una gran tumba de galería aparecieron numerosas piedras
talladas, gran abundancia de
falcatas, soliferrum, regatones y puñales junto a urnas cerámicas
que contenían las cenizas de los difuntos. En superficie se
encuentran gran cantidad de asas de ánforas ibéricas de distintos
tamaños, restos pequeños de cerámica de barniz rojo, grises, a
bandas y con decoración figurada, algunas polícromas, y escorias de
fundición. En su día se recogió en una vasija completa y un puñal de
orejetas tartésico con funda, en perfecto estado de conservación.
Eran frecuentes las monedas, puntas de flecha de hoja lanceolada,
restos de lanzas y regatones e incluso adornos de collar.
La
situación estratégica de este poblado parece la más apropiada para
defender una vía de comunicación y el entorno agrícola inmediato,
así como la producción de mineral próxima. Recordemos la situación
de estos asentamientos en zonas elevadas como en el caso de
Acinipo (Ronda), situado a más de 900 m. de altitud en una
pequeña meseta en forma de espolón. La defensa la constituye el
propio lugar debido a lo inaccesible del terreno y la dificultad que
puede presentar su asedio.
Existen dos vías de comunicación próximas con las cuales tendría
relación directa; la primera es la que desde Iznájar se dirige a
Loja pasando por la aldea de los Ventorros de Balerma, de la cual
dista apenas 1 km.
La segunda es una antigua cañada real denominada el Camino de
los Durmientes. Este antiguo camino atraviesa la sierra dirigiéndose
a la Fuente del Conde y enlazaba con las vías que llegaban a Iznájar
a través del arroyo del Cerezo desde la zona costera.
Para dirigirse
a la vega de Granada seguirían el curso del Genil y atravesando el
puerto de Zafarraya llegaban a la costa.
Las fuentes clásicas nos hablan de la utilización de una ruta
terrestre que partiendo de Malaka hacia Tartessos suponía un
trayecto de cuatro días de ida y otros cinco de vuelta.
Su
cronología se puede situar entre los siglo VII/VI a.C., con influjos
orientalizantes. La abundancia de cerámicas en superficie de barniz
rojo, a bandas con decoración figurada, cerámica gris y ánforas de
saco de distintos tamaños encontradas en el asentamiento así lo
indican.
En la llanura extendida a los pies del asentamiento se produciría
abundante cereal y posiblemente viñas. Los platos de barniz rojo nos
hablan de una actividad agrícola importante. Los recipientes pithoi
y ánforas de tipología fenicia servían de contenedores de vino. Las
piedras de molino que dejan al descubierto las labores agrícolas del
lugar y otros materiales como broches de cinturón, fíbulas de doble
resorte y puntas de flecha nos conducen a la mismas fechas. El lugar
debió permanecer habitado en época romana pues entre las numerosas
monedas encontradas destaca un denario de la familia Lucilus
del siglo I a.C. y es poco probable que pudiera existir aquí algún
tipo de represión político militar ante comportamientos hostiles a
la presencia y conquista romana, pues en el mismo cortijo de la
Alcaidía existen indicios de la existencia de una necrópolis romana,
donde fue hallado un sarcófago de plomo.
|
|
|
arriba
|
TORRES
DE ANÍBAL
El
general cartaginés Amílcar, según relato de Tito Livio,
murió en su huida hacia Basti al ser derrotado por el
caudillo hispano Orisson en el año 229 a.C. que fué el que
programó la celada para su muerte, sucediéndole su yerno
Asdrubal. El general Asdrubal depositó las provisiones en
Ascua, la Oscua romana (Villanueva del Cauche), ciudad que
dominaba los pasos de Málaga a Antequera. De tal hecho se ha
deducido la existencia de una vía entre Córdoba y Málaga
citada siglos después en el Itinerario Antonino. Esta vía
estaba defendida por la llamadas Torres de Aníbal. La
aparición de estas
Turres Hannibalis
en Iznájar pone de manifiesto le existencia de una vía de
comunicación importante por estos contornos. En el Cerro de
La Pía, un yacimiento inédito hasta el momento, muy próximo
a la localidad, se encontró una rueda de carro. Estando
documentado el empleo de carros en época prerromana, nos
hace suponer que por estas fechas en nuestro territorio era
conocido y empleado este medio de transporte, para lo cual
necesitarían de unas vías de comunicación apropiadas.
Tres
de estos recintos de tipo defensivo El Hachuelo, La Torre y
Los Castillejos de la Hoz eran descritos por J.A.Morena
López. El cerro del Hachuelo
está
"situado a 1.5 km. al este-noroeste de Iznájar. Las
condiciones estratégicas del recinto son apropiadas
manteniendo un control directo sobre el arroyo de Priego con
visibilidad directa sobre Iznájar y el río Genil. Los restos
se localizan en el sector norte-noroeste, la fortificación
consiste en una torre asentada sobre un posible basamento
que a su vez se encuentra rodeado por una muralla más
extensa . Todos estos muros se adaptan a la topografía que
marca el terreno. De la torre se conservan solo parte de los
muros este y norte. El muro norte tiene 6 m. de longitud,
con dos hiladas de bloques rectangulares asentados en seco
que presentan en su cara externa el típico almohadillado. El
muro este tiene unos 5 m de longitud y presenta igualmente
bloques almohadillados de gran tamaño. Existe una línea de
muralla exterior de la que solo se conserva parte el lienzo
Norte. El extremo oeste de este muro da la sensación de ser
circular. Las cerámica son muy escasas, solo algunos
fragmentos ibéricos con decoración geométrica y trozos de
ánforas de similar cronología."
A 3 km. en línea recta al
noroeste de Iznájar a la altura del pk. 32 de la C-334 se
encuentra
La Torre.
" El cerro cuya cúspide se
encuentra de erial se halla enclavado en un punto
relativamente estratégico y aunque no es muy elevado,
presenta fuertes tajos hacia el arroyo Solerche. Se aprecia
parte del muro este, conservándose solo una hilada de
sillares de mediano tamaño, quizás tuviese doble muro , con
una longitud de 2,10 m y una altura media apreciable de 0.30
m. Otras posibles alineaciones de sillares parecen
adivinarse en el ángulo noroeste. La cerámica superficial es
muy escasa , ibéricas de pasta gris y pintadas con motivos
geométricos , así como romanas industriales y comunes."
El
denominado los Castillejos de la Hoz
se encuentra a 6 km. de Iznájar en el pk. 26 de la C-334.
"Este asentamiento ejerce una evidente función de control sobre la
carretera y el río La Hoz. De estructura complicada con varios
anillos y amplia visibilidad especialmente hacia la Mezquita. Los
muros se adaptan a la morfología del terreno aprovechando los
desniveles y la propia roca existentes. Lo mas significativo son los
26 m. de longitud del muro norte y 25 m. del muro este. Así como
algunos tramos del sector oeste que conservan una altura de 1,30 m.
no presentan grandes bloques sino piedras de pequeño y mediano
tamaño asentadas en seco entre las que se han colocado numerosos
ripios y lajas." Encontramos otras referencias a este
yacimiento
en la obra de Rafael Morales Gámiz
"Junto al Genil y la Mezquita".
"Cerca de los Castillejos de
la Hoz había restos al parecer romanos, hoy destruidos, porque el
dueño de la finca temía que se cayeran allí y se lesionaran las
personas que hacían la recolección de aceitunas."
En la aldea de la Fuente del Conde, en los Castillejos del
Higueral y en el Villar se han localizado otros recintos
fortificados ibéricos que permanecen inéditos. En este
ultimo se puede apreciar un trozo de muro que pudiera ser
parte de una torre ibérica, consistente en dos grandes
bloques de piedras debastadas y unidas con lejas más
pequeñas. En superficie muy fragmentados se encuentran
restos de cerámica ibérica.
|
|
|
arriba
|
|