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LA VILLA DE IZNÁJAR
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NUESTRA
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PREHISTORIA
DE IZNÁJAR
La
revista El Bermejino que edita el Ilmo. Ayuntamiento de Doña Mencía
publicaba en su edición del 1 de enero de 1.983 el articulo
"Un taller musteriense en el pantano de Iznájar",
cuyo autor Alfonso Sánchez
Romero daba cuenta de la recogida y estudio del utillaje lítico
aparecido en el Pamplinar, hoy bajo las aguas del pantano:
"El descubrimiento de utensilios de tradición Musteriense en las
cercanías de la sumergida aldea de El Pamplinar, aguas adentro del
pantano, fuerza a otorgar a la presencia del hombre en el término de
Iznájar una antigüedad de unos 40.000 años. Los grandes fragmentos
de sílex de tonos melados, tallados intencionadamente, nódulos,
lascas talladas y fragmentos de desecho colaboraron a fijar la
cronología de este yacimiento."
Para el cronista de la villa, D. Angel Aroca, este descubrimiento
"demuestra que, ya en el
Paleolítico Medio, el hombre recorrió el valle del Genil en esta
zona".
Los restos hallados se encuentran actualmente en el museo local de Dª
Mencía. Ana Mª Ruiz Gómez publicaba en el Anuario Arqueológico
de Andalucía del año 1.987 un interesante articulo sobre las
prospecciones superficiales realizadas en el valle del río Genil,
dedicado al estudio del material recogido en las Lomas de la Ermita
del Pamplinar.
"El material recogido se encuentra depositado en el Museo de Doña
Mencía. Aunque posteriormente no se ha
podido recoger nada en la salida a la zona. Han estudiado un total
de 32 piezas de las cuales 15 son útiles y productos de talla y los
restantes restos de talla y retoque. La materia prima empleada es el
silex y los retoques dominantes son el abrupto y el escamoso , como
viene siendo habitual, seguidos del simple y sólo en una ocasión
aparece el escaleriforme. En cuanto a los talones se observa un
predominio de los lisos y corticales, que suman más de la mitad de
los existentes, el talón diedro aparece en dos ocasiones y el
facetado en una. Tipológicamente hemos distinguido :
Utiles
:
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1 raedera convergente en silex rojizo descalcificado, bulbo
extraido y talón liso.
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2 metas
-
2 pseudodenticulados , uno de ellos sobre lasca de descortezado
Productos de talla:
También contamos con un núcleo circular de lascas en silex beige
anaranjado. Pocas conclusiones se puede extraer de este conjunto de
materiales , salvo que presenta ciertos rasgos que lo hacen
incluible en un periodo paleolitico , siendo muy dificil
concretar a cual de ellos (evidentemente no pertenece al
Paleolitico Inferior). El núcleo podria hacernos pensar en un
Musteriense siempre con reservas."
Existe una gravera en el Cerro de la Pía, a escasos 1.000 metros al
oeste de la población, en la cual he podido recoger un bifaz
perteneciente a un Musteriense típico. Se encuentra junto al Arroyo
de la Saucedilla, a poca distancia de su desembocadura, en un
promontorio elevado con buena visibilidad sobre su entorno, donde
afloran los cantos rodados necesarios para tallar los
utensilios. Posiblemente estemos ante un taller musteriense.
Últimamente en el lugar se está explotando una cantera que hará
desaparecer el yacimiento en breve plazo. |
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NECRÓPOLIS ARGÁRICA EN
VALDEARENAS
Hace
algunos años Simón "el de
Nicolasa", que entonces
contaba con un pequeño rebaño de ovejas y cabras, con el cual
recorría Valderenas se sentó sobre una gran losa de piedra que
parecía distinta a las que se encontraban por los contornos. Movido
por la curiosidad decidió retirarla encontrando bajo ella diverso
material que posteriormente ha sido catalogado como piezas de ajuar
funerario pertenecientes a una necrópolis de época Argárica.
A partir de aquí se puso en marcha una excavación arqueológica por
vía de urgencia, bajo la dirección de Miguel Angel Hitos, cuyos
trabajos fueron subvencionados por la Delegación Provincial de
Cultura y el Excmo. Ayuntamiento de Iznájar, siendo por el momento
el único yacimiento excavado en nuestro pueblo, a pesar de que
Iznájar cuenta con un rico patrimonio arqueológico. El material
recogido se conserva en el Museo Arqueológico de Córdoba donde se
expone en la última vitrina de la sala dedicada a la Prehistoria
cordobesa, encuadrándose en el Bronce Pleno. Se presenta con la
siguiente inscripción:
" La necrópolis de Valdearenas se ha fechado en el Bronce Pleno
evolucionado en torno a los siglos XIV-XIII a.C. Su excavación pone
al descubierto varios enterramientos, en cistas aisladas, con
ajuares funerarios que muestran aún la importancia del sustrato
calcolítico.
Entre los elementos de ajuar expuestos en la vitrina destaca una
pulsera en espiral de plata además de varios recipientes cerámicos
(cuencos y vasos globulares de cuello alto con elementos de
suspensión formados por mamelones perforados y asitas de sección
anular).
Algunas vasijas presentan una sencilla decoración impresa en los
bordes, formada por la presión ejercida por los dedos sobre la
arcilla antes de la cocción.
Se muestran también piezas halladas casualmente como los vasos de
carena baja sin decoración de superficie negra que intentan imitar
formas metálicas . Los pequeños crisoles de fundición y los objetos
de bronce (por ejemplo las hachas planas de silueta trapezoidal y
filo curvo) junto a la alabarda nos indican el abandono por completo
del silex y el perfeccionamiento de las técnicas metalúrgicas
actividad en la que destacaron muy especialmente."
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TERRITORIO
TARTÉSICO
La
llegada de los colonizadores fenicios a las costas peninsulares y
sobre todo al litoral malagueño marca tradicionalmente a nivel
académico lo que se considera como el inicio de la Historia. La
floreciente población argárica, asentada en las tierras iznajeñas
desde el Bronce Final, asiste a los cambios que se producen en el
orden político, social y
económico debido a los contactos con estos pueblos semitas y
griegos.
La etapa tartésica que abarca un periodo comprendido entre el Bronce
Final y el siglo IV a. C, tiene su máximo apogeo entre los siglos
VIII al VI a. C. El
comercio de los indígenas iznajeños con estos primeros fenicios
asentados en la costa desde finales del siglo IX o comienzos del
VIII a.C. debió ser floreciente, como también lo fue la actividad
agrícola y minera aquí desarrollada. Existen en nuestro término una
serie de yacimientos que presentan vestigios del Bronce Final con
continuidad en época orientalizante, donde se da un mayor numero de
cerámicas a mano que a torno. Sus características topográficas y de
ubicación evidencian el poblamiento durante esta etapa histórica.
Contienen recintos fortificados llamados "oppidas", cuya
fundación de parece producirse a mediados del siglo VI a.C.,
tal vez como consecuencia del influjo fenicio.
La situación geográfica de Iznájar que se encuentra ubicada en el
extremo sur de la provincia de Córdoba limitando con las de Málaga y
Granada, en el valle medio del río Genil que atraviesa estas tierras
de Este a Oeste es sin duda el factor determinante que produjo los
primeros contactos de los fenicios con los habitantes iznajeños. El
río Genil ha favorecido a lo largo de milenios el trasiego por
nuestro territorio de los distintos grupos humanos asentados en el
sur de la Península Ibérica desde la Prehistoria. Las tierras
iznajeñas servían de frontera y eran a la vez una vía natural de
penetración hacia los poblados protohistóricos de la Campiña
cordobesa y las Sierras Subbéticas. Por otra parte, ponían en
comunicación estos pueblos con las tierras del Levante a través de
la vega de Granada. La ruta existente según Avieno (Ora Mar. 178-82)
por el interior entre Mainake y Tartessos para mantener el mercado
con Gadir, durante los meses en que este trayecto no se podía
realizar por mar, debió enlazar por Iznájar hacia las tierras altas
subbéticas y la Campiña cordobesa.
Este trayecto durante el siglo V era utilizado por los
griegos para evitar el control del estrecho de Gibraltar que
ejercían los púnicos.
La
aparición en la provincia de Málaga de una serie de recintos
fortificados y torres a lo largo de esta frontera natural, que se
correspondería también con una frontera política, parece avalar la
teoría de que estos recintos fueron construidos para vigilar las
rutas del Guadalorce hacia el Genil. Esta frontera en los siglos
VIII/VII a.C. separaba las culturas tartéssica y fenicia. Iznájar
fue por tanto una importante zona de paso para la exportación de
productos del interior a los distintos puertos de la costa
malagueña. Los establecimientos fenicios se situaron en la
desembocadura de las rutas fluviales. Su objetivo era ponerse en
contacto con los pueblos del interior de Tartessos, atraídos por las
riquezas de las zonas mineras. Estos contactos se realizaban a
través de dos rutas principales siguiendo
los cauces de los ríos Guadalorce y Vélez.
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En la desembocadura del río Guadalorce se encuentra el
yacimiento fenicio del Cerro del Villar. Siguiendo su cauce
llegaban hasta Archidona o Villanueva del Trabuco y desde aquí
se dirigían a Iznájar desde Villanueva de Tapia entrando por el
Arroyo del Cerezo, zona donde existen varios recintos ibéricos.
El primero se encuentra en la aldea de La Fuente del Conde, se
trata de una torre o recinto fortificado ibérico conocido como
el Castillejo, que servía para controlar esta ruta. Un poco más
adelante, siguiendo el cauce del Cerezo se encuentra el
Cerrajón, otro asentamiento donde no quedan vestigios de
fortificación. Frente a ellos, en el Cerro del Grajuelo también
se localiza un asentamiento sin ningún tipo de fortificación.
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En la desembocadura del río Vélez se sitúa Toscanos, desde aquí
penetraban al interior de la Vega de Granada por el puerto de
Zafarraya dirigiéndose desde los Ventorrillos a Balerma para
seguidamente entrar en Iznájar. Existen dos recintos
fortificados próximos al Cortijo del Aire, en la confluencia del
río Frío con el Genil y un oppidum en la sierra de Campo Agro,
sobre los Ventorros de Balerma. En esta zona existirían
contactos con los asentamientos del Cerro del Moro (Ventorros de
San José ) y de Pinos Puente (Ilurco) lugares que datan del
siglo VIII al VI a. C.
El territorio tartésico estaba habitado por varios pueblos entre los
que se encontraban los mastienos. Este grupo ocupaba una franja
comprendida entre el rio Criso, actual Guadiaro, hasta Massia en
donde se asentó Cartago-Nova. La población de Iznájar entre el
bronce final orientalizante y el siglo V pertenecía a este pueblo
Mastieno.
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LAS PUNTAS DE FLECHA |
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FLECHAS DE ALETAS Y ARPONCILLO
Existen
en Iznájar varios yacimientos arqueológicos, inéditos hasta
la fecha, donde la presencia de las cerámicas a torno y las
puntas de flecha de bronce delatan los contactos de la
población nativa con los pueblos del mar, aunque el origen
de población en estos asentamientos parece arracar durante
el Neolítico. Dos lugares de hábitat se localizan en la
Sierra de Campo Agro; uno junto al cortijo de la Zarapata y
otro en Los Castillejos de la Fuente del Conde donde son
abundantes dos tipos de puntas de flecha. Las primeras, de
aletas y pedúnculo adelgazado en su extremo, pertenecen al
tipo característico de los campos de urnas. Estas flechas
tienen una amplia dispersión en Cataluña y el valle del
Ebro, algo más dispersas se encuentran en la Meseta y la
zona del Levante y también se han documentado en la Campiña
de Córdoba. Para ellas está admitida una cronología que va
desde el siglo IX al VII a.C. Las del segundo tipo,
denominadas de arponcillo o barbillón,
pertenecen a una corriente cultural distinta. La cronología
las sitúa entre los siglos
VII y VI a. C., el periodo que marca el contacto entre los
comerciantes fenicios y Tartessos. Se cree que tienen un
origen oriental distribuido vía marítima hacia la península,
aunque muchos ejemplares son de factura local. En el siglo
VII son ya corrientes en todo el Mediterráneo Oriental desde
donde serán traídas como producto asociado a la colonización
fenicia. Estas piezas de hoja lanceolada, doble filo y el
arpón característico de estos ejemplares se han encontrado
en cantidad en el yacimiento del Hacho (Benamejí), por lo
que también son conocidas con el adjetivo de puntas tipo
Benamejí. En la Subbética aparecen en tres importantes ya cimientos
de Priego y en el Cerro del Castillo de Carcabuey. En la
zona malagueña colindante a Iznájar se localizan en varios
yacimientos de Archidona, en Ulisi y en el pantano del
Chorro, en un asentamiento clave en la ruta del Guadalorce.
Estas flechas son armas propias de asedio que no se dan en
depósitos intencionados sino en estratos de habitat y
presentan una oscilación de pesos. Forman parte de estratos
de incendio y destrucción como en Peña Negra o Malacón o se
encuentran insertas en lienzos de muralla como en Pancorvo.
Las del pantano del Chorro y las de Priego se relacionan con
los conflictos desencadenados por el ocaso de la cultura
tartésica a partir del siglo VI a.C., por tanto están
relacionadas con funciones militares. En la Zarapata
han aparecido incluso en más cantidad que las encontradas en
Benamejí, se encuentran en el Cerro de los Castillejos y en
el Cerro de la Mezquita, otro oppidum que permanece
inédito.
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