|
LA VILLA DE IZNÁJAR
|
|
|
|
EN ESTA PÁGINA |
|
|
|
página alojada por
|
|
| |
D.
JUAN DE CASTRO
ORGAZ
Don
Juan de Castro y Orgaz es el progenitor de una saga de escritores
iznajeños, de tanto prestigio para la Edad de Plata de la literatura
española. Brillante poeta, don
Juan de Castro compuso infinidad de versos de circunstancias, hoy
perdidos, que improvisaba en Iznájar a petición de sus hijos,
familiares o vecinos. Es autor del libro poético Lontananzas
(Madrid, 1897) y dejó inédita la obra dramática El murciélago.
Madrileño de nacimiento pero iznajeño de corazón, el joven don Juan de
Castro, que había estudiado en El Escorial con los Agustinos, se
trasladó a Iznájar, donde se casó con doña Francisca Gutiérrez del
Castillo y ejerció de juez municipal. A los problemas económicos que
se le presentaron a la familia, se sumó el fallecimiento de la
esposa tras el nacimiento del decimocuarto hijo. Don Juan se marchó
a las Islas Filipinas, donde fue nombrado Vice-cónsul con atributos
de juez insular. Tenía intención de rehacer su fortuna, aunque no lo
logró y regresó enfermo. Su hijo mayor, Cristóbal de Castro,
emprendió viaje a la capital de España en torno a 1893, seguido
posteriormente por Miguel, Luis y Juan, quienes también lograron la
fama periodística y literaria.
En el
terreno literario, el autor de
El Romancero
de Iznájar
fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica,
insignia de la que se enorgullecía profundamente, según algunos
testimonios. A juzgar por el talento literario de los hijos y por la
trayectoria de toda la familia, no hay ninguna duda de que don Juan
de Castro transmitió un profundo amor por la poesía a sus
descendientes, que aún recitan sus versos con auténtica veneración.
Una nieta de avanzada edad, doña María Carbajal de Castro, residente
en Santa Cruz de Tenerife, recita de memoria las poesías de su
abuelo y de numerosos escritores españoles. Junto con esta herencia
poética, atesora doña María la nostalgia por Iznájar y el amor
devoto a la Stma. Virgen de la Piedad. Es más, el caprichoso destino
ha hecho que ella conserve una grabación magnetofónica con la voz de
su madre, doña Consuelo de Castro Gutiérrez, recitando versos de su
padre —el autor de El Romancero de Iznájar—, casi
todos autobiográficos y algunos dedicados a la Virgen de la Piedad y
"a mi Iznájar"
El Romancero de
Iznájar y su Virgen de la Piedad
es una valiosa joya literaria para cualquier lector que desee
recrearse con estos versos, plenos de romanticismo poético, imágenes
literarias y lirismo profundo. Hay en ellos reminiscencias de la
literatura clásica, notas épicas y dramáticas, combinadas con
maestría en una pieza de extraordinaria factura y composición. El
ritmo trepidante, los frecuentes encabalgamientos y otros recursos
métricos, así como la narración ágil de los acontecimientos —desde
la conquista romana de Angellas, pasando por la dominación
musulmana, hasta llegar a la Reconquista cristina y el rescate de la
imagen sagrada—; convierten El Romancero en un poema entre
épico y lírico: al lado de las gestas bélicas y de personajes
históricos (Trajano, Boabdil o Aliatar), hay otros sobrenaturales o
extraídos del pueblo, como la fiel Aldonza. Los celos se combinan
con el amor humano, que roza el misticismo por su pureza y da paso
al prodigio del milagro, en una noche clara de luna llena. Según la
leyenda, el primero que obró la Virgen fue la salvación de Aldonza,
cuando iba a ser asesinada por don Gutierre, su marido, creyendo
haberla descubierto en adulterio.
Disponible en formato PDF la obra el Romancero
de Iznájar. Si aún no tienes el programa pincha el icono Adobe
Reader para bajártelo.
Bajar Acrobat Reader
Bajar el Romancero de Iznájar.
 |
arriba |
|
| |
|
D.
LUIS DE CASTRO GUTIÉRREZ (1.888-1.973)
Ramón
Luis de Castro nació en Iznájar (Córdoba) el día 27 de abril de
1888, según los datos que constan en el Registro Civil. Su padre,
Don Juan de Castro y Orgaz (nacido en Madrid, en 1852) tenía
entonces 36 años y su madre, Doña Paula Gutiérrez del Castillo
(nacida en esta villa cordobesa en 1853), tenía 35 años. El niño, al
que pusieron Ramón Luis, vino al mundo en la calle de la Antigua
donde estaba domiciliada la familia.
Años más tarde, fracasó la hacienda iznajeña de Don Juan de Castro,
que ejercía de abogado y de juez en el pueblo. Intentó rehacer su
fortuna en Filipinas, sin conseguirlo. Ocupó allí un cargo de
Vicecónsul o juez insular. Volvió enfermo a la península. Los hijos
tuvieron que abandonar Iznájar y se establecieron en Madrid, como
mejor pudieron, según nos relata Luis de Castro Luna, el hijo mayor
y único de Luis de Castro.
El hermano
mayor, Cristóbal de Castro (Iznájar, 1874–Madrid, 1953), llegó a
Madrid en 1894 si bien con anterioridad estuvo estudiando en el
Instituto de San Isidro, durante los cursos académicos de 1885-886 y
1886-1887. Cristóbal había hecho su ingreso en aquel Instituto en
octubre de 1885. Otros dos hermanos ‑según la información que
poseemos— ingresaron en octubre de 1886: Rafael (nacido el 9 de mayo
de 1876) y José [sic], de quien no tenemos ninguna noticia ni
hay constancia alguna en el Registro Civil de Iznájar. ¿No habrá que
pensar que se trata de Juan, nacido el 11 de enero de 1878? En este
sentido, hay que señalar también que en octubre de 1887 Cristóbal se
trasladó al Instituto de Teruel y sus hermanos Rafael y José
[sic] se trasladaron en octubre de 1888 al Instituto de Cabra
(Córdoba).
Un sobrino-nieto
de Francisca de Paula Gutiérrez del Castillo, ya centenario pero con
una memoria prodigiosa, Don Clemente Rosúa, nos contó que al morir
su tía-abuela, se quedaron en el pueblo los cuatro hijos pequeños:
Ramona, Francisca, Miguel y Luis. Así, pues, tuvo que ser en los
primeros años del nuevo siglo, cuando Luis se marchara a Madrid tras
los hermanos mayores, que lo habían precedido. No tenemos constancia
de sus estudios de bachillerato ni universitarios. Únicamente
sabemos, por su hija Carmen, que preparó unas oposiciones, las ganó
y empezó a trabajar muy joven en el Ministerio de Fomento (Obras
Públicas). Estuvo destinado en el Canal de Isabel II, como Jefe
Superior de la Administración Civil (Sección de Contabilidad).
Se casó Luis de
Castro con Paula Luna, natural de Tornos, pueblecito de la provincia
de Teruel donde la conoció cuando realizaba «un recorrido de
propaganda electoral y vino a recalar allí», según nos cuenta el
hijo mayor —ya octogenario— Luis de Castro Luna, que nació en la
calle Martín de las Heras, de Madrid, el 24 de noviembre de 1917 y
se quedó huérfano de madre a los cuatro años. Tras el fallecimiento
de su esposa Paula Luna, en Madrid (15 de octubre de 1921), Luis de
Castro se casó con la hermana de la difunta, Isabel Luna. De este
matrimonio nacieron cuatro hijos: Evaristo —que falleció muy
pequeño— y tres más que aún viven, María, Carmen e Isabel de Castro
Luna.
Entre 1936 y
1939, Luis de Castro y su nueva esposa, Isabel Luna, permanecieron
en Madrid, de acuerdo con las noticias que nos proporciona su hijo,
quien confiesa que Isabel, aparte de ser «mi tía carnal, me trató
siempre como una verdadera madre» (carta de Luis de Castro Luna a
quien esto escribe, fechada en Zaragoza, el 12 de noviembre de
1998). No obstante, en 1937 el hijo mayor tuvo que marcharse de casa
«con motivo de la guerra» y ya no volvió a convivir con la familia
en el domicilio paterno. Había cursado estudios de Perito Agrícola y
se instaló en Zaragoza capital, donde reside actualmente.
El fallecimiento
del escritor Luis de Castro se produjo el día 13 de diciembre de
1973, en una clínica madrileña. Su domicilio por aquel
entonces se hallaba en la calle de Sancho
Dávila, nº. 15, de Madrid, tal
como nos han indicado sus hijos Luis y Carmen. Tanto él como su
esposa están enterrados en el Cementerio de Ntra. Sra. de la
Almudena.
|
|
|
|
|
arriba
|
|
D.
MIGUEL DE CASTRO GUTIÉRREZ (1.889-1.977)
Miguel
de Castro nació en Iznájar
(Córdoba) el 4 de mayo de
1889 y obtuvo gran renombre literario en vida, llegando a ser
proclamado Príncipe de los poetas en Portugal (1959).
Junto a sus hermanos Cristóbal, Luis y Juan de Castro, Miguel
pertenece a una genuina saga de escritores cordobeses en aquel
Madrid literario
del primer tercio
del siglo XX, período al que llaman Edad de Plata de nuestra
Literatura.
Escritor,
periodista y poeta, Miguel de Castro fue el socio nº 1 de la
Asociación de la Prensa, donde había ingresado en febrero de
1914. Obtuvo más de cincuenta premios y condecoraciones por su
carrera literaria en España, Francia, Argentina, Paraguay, Portugal
y Marruecos. Perteneció a la redacción de La Patria desde su
fundación hasta 1923 y colaboró de forma continuada en El
Imparcial, Heraldo de Madrid, Blanco y Negro, Nuevo Mundo, La Esfera,
etc. Fue el representante en España de la redacción de Alma
Española, que se publicaba en Francia.
Era Socio de
Honor con Gran Placa de la Real Sociedad Colombina Onubense por
méritos culturales Hispano-Americanos, Socio Honorario del Ateneo de
Madrid, Académico correspondiente de la Real Academia de Bellas
Letras y Nobles Artes de Málaga y Académico correspondiente de la
Real Academia de la Poesía Española. Ocupó importantes puestos en la
Administración del Estado y publicó numerosas obras literarias. Su
padre, D. Juan de Castro y Orgaz, fue también brillante poeta.
Escribió el libro poético Lontananzas, publicado en Madrid
(1897), con un prólogo de Julio Burell. Dejó inédito otro libro
titulado El murciélago.
Tras el
fallecimiento de la madre, Doña Francisca de Paula Gutiérrez del
Castillo, que era iznajeña, Miguel se trasladó con sus hermanos a
Madrid. Allí en la capital de España, falleció Miguel de Castro el
día 26 de marzo de 1977, rodeado de su familia, que conserva viva la
tradición literaria y el legado poético del progenitor.
Destacan en su
producción La alondra del barbecho, Trovas del juglar,
Cancionero de Galatea, El canto de las sirenas y La niña del
alcalde, así como una antología poética, Los mejores
poetas contemporáneos (h. 1919), firmada con el seudónimo de
«Pedro Crespo», donde se antologan poemas de Juan R. Jiménez, los
hermanos Antonio y Manuel Machado, Salvador Rueda, Miguel de
Unamuno, Ramón del Valle-Inclán, Francisco Villaespesa y otros, al
lado de los tres hermanos, Cristóbal, Luis y Miguel de Castro. Es
autor además de obras dramáticas y de varias zarzuelas.
Tras publicar el
Cancionero de Galatea en la Casa Garnier Hermanos, de
París, Miguel de Castro recibe los elogios de la crítica y los da a
conocer al final de La alondra del barbecho. De aquellos
“juicios críticos” entresacamos los siguientes: «Con singular
fruición leo sus versos» (Azorín); «He hallado en este
Cancionero de Galatea, entre la frescura dominante, aciertos de
enérgica precisión y renovación de varias formas y asuntos. Es libro
que se deja leer entero, y debe leerse así para disfrutar de la
íntima unidad que le anima» (R. Menéndez Pidal); «Es un lírico de
sensibilidad privilegiada. De la nueva generación de poetas en la
que hay muchos estimabilísimos. Miguel de Castro es de los primeros»
(Ricardo J. Catarineu).
En fin, se dijo
de Miguel de Castro que era el poeta que había ganado el oro por
kilos y la plata por arrobas. Con esta expresión lapidaria el Diario
Informaciones (1945) de Madrid aludía a los numerosos
certámenes literarios de Europa, África y América donde el poeta
había sido premiado por sus composiciones. |
|
|