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CRONOLOGÍA
Las
primeras referencias históricas del castillo de Iznájar las
encontramos en las crónicas árabes con el nombre de Hisn Ashar. En
el año 886 el emir al-Mundir envió la caballería cordobesa, al mando
de Asbain ibn Futais, contra los muladíes sublevados por Umar Ben
Hafsún. El asedio debió ser muy duro y la conquista difícil y
sangrienta, debiendo las murallas sufrir los duros envites del
enemigo, que consiguió demoler parte de ellas, penetrar, tomar el
castillo y matar a sus defensores. A los dos años murió el emir
sucediéndole Abd Allah y la fortaleza vuelve a tomar partido por ben
Hafsún, sufriendo los asedios del nuevo emir. La represión durante
estos años debió ser muy dura como muestra el hecho del año 912,
cuando los habitantes asesinaron a su gobernador Fasl ben Salama que
se había sumado a la causa muladí enviando su cabeza a Córdoba en
señal de obediencia.
Al acabar Abd al-Rahman III con la sublevación muladí y una vez
pacificado al-Andalus se tienen noticias de que el castillo,
maltrecho tras una época de luchas continuas, fue reconstruido
correspondiendo a esta época la mejor restauración realizada en los
lienzos de murallas. Hacia
el final del califato los beréberes proclamaron califa a al-Mustain,
dividiendo parte del territorio entre los jefes de las tribus que le
habían ayudado. A los Ziries les correspondió el reino de Granada,
repartiéndose las tierras para evitar conflictos entre ellos.
Iznájar y Jaén tocaron a Habus ben Maksan que vino a instalar su
corte aquí sobre el 1.010, creando un pequeño reino taifa con
capital en Iznájar. Al parecer estuvo instalado en el castillo hasta
el 1.025, en que tras abandonar Granada su tío Zawi ben Ziri, los
beréberes
lo reclamaron y tuvo que trasladarse a la capital. Algunos
años mas tarde, sobre el 1.080, Abd Allah, ultimo soberano de los
Ziries, temiendo las invasiones Almorávides y el acoso al que
sometían sus fronteras los cristianos, mandó reconstruir y
fortificar todos los castillos de su reino, uno de ellos el de
Iznájar, contándolo de esta forma en sus memorias: "Mi
sola inquietud procedía de mis súbditos, por su aspiración a que se
les levantasen los impuestos llamados magarim, y porque sabían las
disposiciones tomadas por los almorávides a propósito del azaque y
del diezmo. Sin embargo – me decía – con las águilas que se ciernen
sobre sus cabezas, no se atreverán a hacer nada. Mientras los
castillos estén en pie de defensa, la cuestión de los súbditos es
muy llevadera. ¿Cómo habría de poder un ejercito invasor apoderarse
de una vez de todos mis estados? Con que resista un solo castillo,
la situación se prolongará y se producirán complicaciones contra el
invasor. Pensando de este modo, puse mi mayor empeño en fortificar
los castillos, restaurarlos y aprovisionarlos con todo lo necesario
para sufrir un asedio. No dejé por tomar ni una sola de las
prevenciones necesarias: construcción de aljibes; instalación de
molinos; almacenamiento de toda clase pertrechos, como escudos,
flechas y máquinas de lanzar proyectiles, y formación de depósitos
de víveres que sacaba de los pueblos. Las vituallas guardadas en
cada castillo eran para mas de un año…"
"…Si el vencedor, en cambio, es el rey cristiano, tomadas tengo ya
mis medidas, pues las construcciones de castillos que he
consolidado, las nuevas fortificaciones y el almacenamiento de
pertrechos, me serán de utilidad, servirán de protección para los
musulmanes y permitirán aguardar mejores días."
De
esta forma la
fortaleza fue fortificada fuertemente
y protegida, reconstruyendo y ampliando el castillo y
protegiendo la almedina con unas fuertes murallas. El primer recinto
fortificado y la barbacana son obras de este periodo. Junto al
castillo debió surgir un arrabal poblado por civiles, que obligó a
construir su primer recinto fortificado para protegerlo. Este
abarcaba el actual barrio de La Villa.
El castillo mantiene su importancia durante
la etapa almorávide, almohade y nazarita, según señalaba al-Idrisi,
en la segunda mitad del siglo XII, cuando dice
"que tiene un castillo bien fortificado con una población numerosa y
una famosa alcaicería (al-qaysariyya)".
Entonces, según el citado viajero, Iznájar constituía ya un núcleo
de población importante, que periódicamente celebraba un mercado con
fama en la comarca.
Para esta época el núcleo original se había convertido en una
alcazaba, fortificación que era un conjunto militar y de gobierno
propio de contextos urbanos, pensada para la protección de la medina
y su población dependiente.
Nuevamente en 1.240, durante la conquista de Rute, Benamejí y Zambra
por Fernando III, el castillo vuelve a tener protagonismo. En esta
ocasión quedó en la línea fronteriza no llegando a ser conquistado,
pues ya en el Pacto de Jaén, de 1.246, Iznájar queda en la frontera
perteneciente al reino granadino. Durante las campañas de 1.314 y
1.341 por Alfonso XI debió sufrir los asedios de las tropas
castellanas aunque en esta ocasión el temor a las lluvias impidió su
conquista. Un
nuevo intento castellano se produce en febrero de 1.362 por
parte del rey Pedro I, el Cruel, que con la ayuda del depuesto rey
nazarí Muhamad V abatieron y conquistaron el castillo y por
consiguiente sus murallas debieron sufrir los destrozos pertinentes.
Poco duró la alegría de los cristianos pues solo cuatro años mas
tarde, en
1.366, fue el propio Muhamad V, tras su reposición en el
trono granadino, quién lo recuperó para los nazaries. Ibn al Jatib
en su Ihata, nos cuenta detalladamente la conquista de la Alcazaba
de Iznájar por Muhamad V; narrando el incendio que se produjo en el
castillo y los grandes destrozos ocasionados en sus murallas, así
como su posterior reconstrucción dejando una fuerte guarnición de
arqueros y aprestos de guerra. Así vio el rey la fortaleza antes de
iniciar el ataque:
" Iznájar es un poste inaccesible, una fortaleza notable y un
tormento evidente. El infiel (Pedro I) se dirigió a ella cuando su
firme resolución le dio su dominio y su preocupación el deseo de
ocuparla, y cerró y reparó sus brechas, atendió a sus partes
débiles, ampliando sus fortificaciones, hasta el extremo de cortar e
interceptar todas las ambiciones y deseos. Toda ella estaba ajustada
a la necesidad y preparada para la violencia, a no contar con Dios
cuyo poder es invencible..."
Algunos autores apuntan que Fernando apodado el de Antequera durante
la campaña realizada en 1.410 tomo esta fortaleza para su rey Juan
II de Castilla aunque este extremo no es cierto, ni existe ningún
documento que lo acredite. Las tropas de Pedro Fernández de Córdoba
tomaron definitivamente este recinto
en 1.434, en dura pugna con los moros que custodiaban la
fortaleza. Tras su conquista fue reconstruido nuevamente y el rey
castellano encomendó la custodia y defensa de la fortaleza al
alcaide de Cabra don Pedro Fernández de Córdoba.
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