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EL CASTILLO
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LA
CONSTRUCCIÓN DEL CASTILLO DE IZNÁJAR
La
construcción está realizada en
piedra de sillería,
con sillares de tamaño mediano al exterior.
Se observa una especial colocación en los muros de fábrica de los
sillarejos, a espiga vertical entre tongadas de dos o tres hiladas
de sillarejos, y posterior forrado de la fábrica con mampostería a
hilada. Las esquinas
de las torres llevan sillares de piedra colocados por sus lados
largo y corto, alternativamente. El aparejo está trabado con mortero
de argamasa. El acabado final fue mediante un enlucido que recubría
el paramento exterior, pero sólo se conserva en algunos puntos.
Sobre la coronación de las fabricas de sillares de piedra se
ejecutan las almenas con argamasa, enfoscada con mortero de cal y
arena. Estos sillares son de rocas sedimentarias de finales del
Terciario, del Mioceno Superior, denominada calcarenita, roca
calcárea cementada a veces con gran cantidad de fósiles petrificados.
Los cimientos de la fortificación prueban la filiación ibero-romana
de esta villa. El conjunto de fortificaciones tuvo en tiempos
pretéritos gran importancia, no solo por la situación estratégica de
la plaza, sino por la recidumbre de su construcción, toda de
sillería, en especial los sillares almohadillado existentes bajo la
Torre del Homenaje del recinto murado.
El conjunto se levanta sobre una primitiva ciudad romana, cuyas
primeras fortificaciones se remontan al siglo VII d.c. Es a partir
del siglo VIII con la dominación árabe, cuando el Castillo toma su
máximo esplendor y utilidad, ya que por muchos años fue frontera
Nazarí con los territorios cristianos.
La
planta parece ser califal, pues suelen ser cuadradas, adaptándose a
la topografía del terreno con pequeñas torres en las esquinas.
Existe tendencia en la forma de las torres rectangular o geométrica.
Del siglo X son los muros exteriores de sillares perfectos a soga y
tizón, sin cimentación, directamente sobre la roca. Al pasar el
castillo al reino de Granada se hicieron diversas remodelaciones.
El poblamiento típico de al-Andalus son "los distritos castrales",
que serán una serie de alquerías con un hisn (castillo) asociado. La
construcción es circundada por un complejo cinturón de murallas como
en el nuestro, de forma irregular y muy alargado, adaptándose
perfectamente al escaso terreno disponible en la cima, al estilo
Nazarí. Presenta los típicos torreones de trecho en trecho, con
planta cuadrada o rectangular y las diferencias en su fachada
revelan las sucesivas reformas y restauraciones que sufrió el
conjunto, confirmando la importancia que tuvo durante los siglos de
las guerras de frontera.
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EL
NÚCLEO ORIGINAL Y LA PUERTA DE ENTRADA
El
núcleo primitivo está constituido por una torre y una estancia
originariamente rectangular con buena cantería, gruesos muros y
sillares a soga. Consta de una entrada por un arco de medio punto
formado por seis dovelas que se apoyan sobre salmedes convexos y muy
desarrollados. El paso del muro se cubre mediante dintel y presenta
a ambos lados unos huecos rectangulares para albergue de las puertas
y que no obstaculicen el paso cuando estuvieran abiertas.
Este mismo sistema de construcción es el utilizado en las
puertas de entrada de la iglesia visigoda
de San pedro de la Nave en Zamora, que datan de finales del siglo
VII. El único vano que da luz es una saetera que está cubierta por
bóveda de medio cañón. Los vanos de luz son igualmente
característicos de iglesias como la citada, Quintanilla de la Viñas
(Burgos) o San Juan de Baños en Palencia.
Los
habitáculos subterráneos bajo la torre tienen el mismo sistema de
cubierta. Según Ángel Aroca, el tipo de bóveda tiene semejanza
visigoda, como se ve en Santa Eulalia de la Bóveda, Santa Comba de
Bandes, la Cripta de San Antolín, etc. También tiene carácter
visigodo el despiece del arco de entrada a la cámara principal, pues
culmina con la unión de dos dovelas en lugar de hacerlo mediante la
clave, lo que hace pensar al autor de esta descripción en fecha
temprana, mediados del siglo VIII.
Sospechamos que este núcleo original es el primer templo cristiano
que debió hallarse emplazado en el sector central del poblado
íbero-romano y en el punto más eminente del mismo, y en el mismo
edificio o quizá en el inmediato a la torre continua del que todavía
resta una buena parte, aunque con adiciones posteriormente
superpuestas y que acusan menor antigüedad.
Las obras de cimentación de la muralla medieval cortaron estos
niveles destruyendo parte de las estructuras, que posiblemente
corresponden a parte del asentamiento humano situado en la ladera
del cerro. Este descubrimiento es muy importante para confirmar
arqueológicamente el hábitat que se suponía en el lugar desde épocas
antiguas.
La
puerta del Castillo conducía directamente al patio de armas, pues el
recodo que se advierte en el plano es consecuencia de la
construcción de un zaguán a fines del siglo XVIII. Su datación es
probablemente nazarí, con arco rebajado, como el de la puerta de
Siete Suelos de la Alhambra.
Aquí se observa muy claramente otra de las características más
singulares de los castillos califales, que son las puertas de
costado o accesos en zig-zag para evitar los golpes de ariete.
El Estado Omeya construirá fortalezas de planta cuadrada, con torres
cuadradas en los ángulos y rectangulares en los paños de muralla,
con puerta de acceso directo que continuarán durante la época
califal (casos de Álora y Marbella). Una de las características de
los castillos andalusíes es la colocación de una torre exenta y más
alta que la muralla en una esquina, para proteger la entrada
principal del castillo; torre que algunas veces estaba unida al
lienzo de muralla, como en nuestro caso; y cuya misión era hostigar
al enemigo, por lo que es posible la existencia de una antepuesta en
la unión de la prolongación de la barbacana con dicha torre.
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LA
TORRE DEL HOMENAJE, EL ADARVE Y EL ALJIBE
Es
la torre principal del castillo, residencia de los responsables del
mismo, normalmente la más alta y fuerte, y estaba situada en el
lugar de más fácil defensa. Era el lugar más protegido y en caso
necesario podía convertirse en el último núcleo de resistencia.
La torre de poniente se elevó considerablemente, convirtiéndose en
Torre del Homenaje. Maciza en su primer cuerpo, se accede a ella
desde el adarve por puerta adintelada y en el interior, en la parte
superior, hay una pieza rectangular cubierta por bóveda esquifada,
de la que arranca la escalera para subir a la cubierta almenada.
Estas torres del homenaje de tapial y con piedras labradas en su
parámetro aparecen en la frontera occidental del reino nazarí en el
siglo XIII. Torres Delgado cita la de Iznájar como perteneciente a
esta fecha. Se inspiran en sus trazados en las fortalezas cristianas
en las que aparecen como residencia de sus titulares.
Su arquitectura responde a que muchas de estas
fortificaciones se encontraban en manos de los granadinos y
recuperadas por los castellanos, se restauraban según el estilo
cristiano o al revés. Son cuadradas y de extraordinarias dimensiones
estando siempre situadas en los ángulos del recinto.
Durante los siglos XIII y XIV se construyeron las torres del
homenaje con murallas de doble recinto y
pasos de ronda estrechos con aristas redondeadas en sus
ángulos. El interior de la torre es macizo, realizado con distintos
tipos de piedra trabadas con un mortero de argama.
El castillo debió estar protegido por un foso seco, como se aprecia
en la base de la torre del homenaje, espacio que fue posteriormente
rellenado formando la liza. El foso seco era una
trinchera excavada frente a los muros de una fortificación. Su
misión principal era impedir que las máquinas de asalto se
aproximaran a los muros.
El foso seco, denominado también hoyos de lobo o trincheras, se
prolongaría por delante de dicha puerta, donde se situaría el puente
levadizo y la puerta de acceso. Contaba también con el darb
(durub en plural), que es el adarve. Desde el siglo XIII al XVI es
un muro o muralla en sentido de protección, de obstáculo interpuesto
como defensa.
A partir de esa fecha se denomina al paso que va por encima de la
muralla.
Junto al adarve meridional o
camino de ronda, donde se parapetaban los defensores
se
encuentra el aljibe, su planta es cruciforme, pues de la pieza
central cuadrangular parten cuatro galerías cubiertas por bóvedas de
medio cañón. A través de la anterior torre, también de costado, se
accede al albacar o patio de armas, de forma trapezoidal, donde se
encuentra un magnifico aljibe de sillería de piedra caliza, de
planta cuadrada, con un gran pilar rectangular en el centro, del que
voltean cuatro arcos apuntados góticos también de sillería, de gran
esbeltez y altura, que dan un aire grandioso al deposito de agua. La
cubierta se encuentra pavimentada con guijas de rió, formando un
dibujo radial, con cantos rodados negros que, partiendo desde el
centro, asemejan los rayos solares, y donde existen unos sumideros
circulares de piedra, formando un conjunto muy interesante y digno
de un estudio pormenorizado. Los arcos al ser apuntados llevan la
atención hacia el siglo XV en la época gótica, sin embargo es
posible que este aljibe o deposito de agua haya sustituido a otro de
época Islámica situado en este lugar, o que el depósito musulmán se
encuentre en otro punto del castillo.
También junto al aljibe y bajo el subsuelo del patio de armas,
existe un gran espacio abovedado con sillares y suelo de forma
cónica, cuya utilización. posiblemente, fuese de silo. El pavimento
del resto del patio de armas es también de cantos rodados claros,
formando franjas con hiladas de cantos rodados negros. |
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