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ALONSO
DE DOBLAS GARCÍA
Un iznajeño que se echó al monte
¡Socorro,
socorro, ladrones en el cortijo de Francisco Grande!. Así
gritaba un mozo del citado cortijo en la noche del 9 de Febrero de
1.786, provocando un gran alboroto en todo el partido de Fuentes de
Cesna. Allí se personó D. Francisco de Sales Gutiérrez, corregidor
de Iznájar, y con él doscientos hombres armados con escopetas y
palos, de las jurisdicciones de Iznájar, Algarinejo y Loja que,
confiados en la presencia de la autoridad, salieron de sus cortijos
para rodear la casa del labrador en apuros.
¡Mirad, allí, allí entre la casa del Alambique y
el cortijo de Francisco Moyano!. Era el día de Navidad de 1.793, las
gentes a la salida de misa de la ermita de la Hoz comentaban en
nerviosos corrillos: - "Son
tres hombres, van armados y uno parece estar herido",
alguien afirmó: -
"Sí, antes de cruzar el río, se ha armado quimera y uno de ellos
ha recibido un tiro".
Dos hombres corrieron a dar aviso a D. Carlos Pérez de Medina, que
era por entonces Corregidor de la Villa, mientras que las buenas
gentes del partido de la Hoz quedaban comentando que no era día muy
apropiado para que los contrabandistas saliesen a los caminos.
Estos relatos, extraídos de documentos del
Archivo Municipal, prueban que Iznájar, próxima a la zona donde se
localizan los "santos lugares"
del bandolerismo, ahí mismo en tierras de Estepa, la patria de José
Chaves, no vivió ajena a este complejo fenómeno. Pero aun mas por no
ser menos andaluza que Utrera, la de Diego Corrientes, y la Écija de
los Siete Niños, ni menos grande que el Madrid de Luis Candelas,
también Iznájar tuvo su propio bandolero que se echó al monte. ¿Por
qué? ¿para qué?, es un enigma; el documento que tengo en mis manos
solo relata su espectacular persecución y captura.
En la madrugada del 12 de Abril de 1783 llegaron
a Iznájar, disfrazados para no levantar sospecha, D. Miguel Salcedo,
capitán de una compañía de escopeteros Voluntarios de Andalucía y
algunos hombres de su partida que corría por estas inmediaciones.
Solo el Alguacil Mayor de la villa D. Cristóbal Gutiérrez Granados,
en cuya casa se alojaron, conocía el cometido que les había traído,
en cumplimiento de una Real Provisión secreta de su Majestad y
Señores Gobernador y Alcalde del Crimen de la Real Chancillería de
Granada. En la casa del alguacil aguardaron hasta las dos de la
tarde, hora en que les avisaron que Alonso de Doblas García estaba
en el pueblo. Salió entonces el capitán Salcedo con sus hombres y
hallando al reo en el Llano de la Antigua, le dijo: -
"Date al Rey".
La respuesta no se hizo esperar, de un trabucazo hirió al capitán y a
tres escopeteros al tiempo que corría perseguido hacía Santa Lucía
extramuros de la villa. A pesar de tres tiros que le hicieron
alcanzó el Genil y se arrojó a él cuidando de no mojar la pólvora
que llevaba en un frasco al hombro. Le persiguieron tres escopeteros
y el Alguacil hasta una encina del Cortijo del Rió, donde parapetado
cargó la escopeta y dispuso su defensa. Los perseguidores se
desplegaron para no ofrecer un blanco fácil y uno de ellos gritó: -
"Tira y mata a uno, que los demás que
quedamos te hemos de matar o prender".
Viendo el esforzado bandolero que no tenía posibilidades, arrojó al
suelo la escopeta y dijo: - "Ya
estoy preso". Así acabó la
azarosa aventura de Alonso de Doblas García, que por el capitán
Salcedo y su partida, fue conducido a la cárcel de Rute.
Si bien el documento no nos aclara el por qué y
el para qué nuestro paisano había elegido su “oficio”,
en él se pone de manifiesto su valor, su saber perder
inteligentemente y que hubo de llegar de incógnito para apresarlo,
ello evidencia que contaba con el apoyo de algunos de sus paisanos.
Pudo
ser, es posible, un vulgar criminal sin escrúpulos, por lo que sería
merecedor de todo mi desprecio y condena, no obstante su condición
de iznajeño, pero como quiera que en mis años de convivencia con las
gentes de Iznájar no he conocido a ningún bandido y si a
algunos idealistas, me inclino a pensar que Alonso de Doblas García
sería de estos últimos: un soñador que arrastraba subyacente el
profundo deseo de romper con una sociedad injusta, y un día ¡vaya
usted a saber por qué! decidió que lo suyo era aliviar la bolsa de
los ricos de pobres sentimientos, socorriendo con sus rapiñas a los
pobres de solemnidad.
Pudo matar , incendiar cosechas , secuestrar o
aliarse con el poder caciquil, que estos y otros desmanes
abominables fueron corrientes entre los de su gremio, pero como en
todos los oficios hay buenos y malos, prefiero creer que nuestro
hombre fue un bandolero ejemplar: criado al amor de Iznájar, con la
Virgen de la Piedad sobre su pecho, más bueno que el ajo blanco, tan
inmaculado como la cal y el jazmín y de una visión social tan clara
y diáfana como la luz que envuelve a esta perla del Genil. Con todos
estos ingredientes de la tierra y el coraje como especia, no es
posible que el guiso fuese malo.
Porque la peña de Iznájar no pudo tener un mal
parto, Alonso de Doblas García fue sin duda un gran bandolero, con
todo el romanticismo y belleza que seamos capaces de descubrir en
esta palabra de tan mala prensa, que si no capituló de igual a igual
con el Rey, como lo hiciera José Maria el Tempranillo, no fue porque
tuviese menos arrestos que el Rey de Sierra Morena, sino porque
nació aquí sobre un pequeño cisne varado en el Genil, que se pierde
en el dilatado paisaje de España. Así, Alonso de Doblas García,
participó también de la grandiosa modestia de su pueblo natal.
Con el mismo recato que esta gema tallada por Dios en el día más
inspirado de su Creación, esconde su fulgor, renunció a la fama y
con un corazón mas generoso que el propio Diego Corrientes, el
bandido Generoso, la dejó en libertad para que alcanzase a Juan
Palomo, Pere-Gil Trones, el Mesonero del Peral y tantos otros
recogidos en los anales del bandolerismo.
Ángel Aroca Lara
Cronista de la Villa
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